Rosario, 12 de febrero de 2016. A 61 años de su nacimiento, recordamos a Germán Abdala compartiendo nuevamente una nota de hace dos años. Realizado por el Equipo de Comunicación de la CTA Rosario, el artículo da cuenta de la vida y el legado de Germán en tanto uno de los mejores dirigentes de la clase trabajadora argentina.
El morocho de la sonrisa infinita
“A pesar de los muchos conversos, los muchos que se han cambiado de ropa, los muchos que se han lavado la cabeza, nosotros seguimos creyendo que hay un país para cambiar, una sociedad nueva para construir, un camino para alumbrar”.
Germán Abdala
Congreso Fundacional de la CTA, 1992
Hablar de Germán es hablar de ATE y su recuperación. Es hablar de ‘El Viejo’ Héctor Quagliaro, de ‘El Tano’ Víctor De Gennaro, dos grandes amigos personales y mentores políticos. Es hablar del sector estatal de Minería, de la Cámara de Diputados de la Nación y el Grupo de los 8, que habiendo asumido con el peronismo, rompen con el vuelco privatizador menemista. Es hablar de la “Ley de Convenios Colectivos de Trabajo para Trabajadores del Estado Nacional” (24.185/92), más conocida como la “Ley Abdala”. Es hablar de una carrera sindical y política tan meteórica como fructífera y nodal en la historia obrera del último medio siglo.
Pero también es hablar de Santa Teresita y su mar natal, de Boca y el peronismo, de una sonrisa única, de la pasión y la entrega personal.
“Germán era el mejor de nosotros. Era un militante de características especiales. Morocho de barrio, muy bostero, muy peronista, un tipo con un carisma para con la gente muy muy especial”, recuerda con profundo afecto Leticia.
Abdala hizo una carrera tanto política como sindical intensa. Empezó muy joven a militar en la organización peronista Amado Olmos, donde conoció a De Gennaro. Luego entró a Minería, aunque pasó por varios oficios: era esencialmente un laburante. Fue diputado, parte del llamado Grupo de los 8, presidente de la Bicameral. En muy poco tiempo, un lapso de 16 años, Germán hizo lo que a otros dirigentes les lleva la vida.
Este 2014 se cumplen 30 años de la recuperación de ATE, en la que el Turco fue “una pieza fundamental, caminó el país con Víctor y mi viejo. Era un tipo arriesgado, despojado de toda vanidad, condujo una seccional complicada, la de Capital, que le decimos ‘la Buenos Aires’, en una época de mucha efervescencia. Era un tipo capaz de juntar a todas las cabezas. Mi papá decía siempre que Germán tocaba la campana y daba la misa. Un rasgo que compartía con mi viejo. Los dos fumaban debajo del agua”, graficó la hija de Quagliaro.
Las anécdotas sobre Abdala son infinitas. Fluyen con una facilidad emocionante. Y así, continuó su descripción:
“Era un negro bombón de dulce de leche y la madre. Con un atractivo hacia la gente que en muy pocos volví a encontrar. Tenía una risa que nos envolvía a todos permanentemente. Cierro los ojos y me acuerdo de las reuniones en mi casa durante la dictadura, cuando mi papá nos decía que el viernes venían Víctor y Germán, y ellos hacían esa maniobra casi graciosa de venirse en vagones del tren distintos desde Buenos Aires, pero al llegar acá a la Rosario Norte, se tomaban un taxi juntos a mi casa. Entonces llegaban, se armaba como un seminario, se apagaban las luces de la cocina, yo tenía que decirles a mis amigas que en mi casa no había nadie porque no podían saber que estaban ahí. Germán era el más disciplinado, Víctor siempre fue más díscolo. Mi viejo le decía a Germán que se siente en un lugar y ahí iba, los tenía escribiendo todo el fin de semana. Tanto mi viejo como Germán tenían este tema de la formación como algo de importancia. Para él un dirigente sindical tenía que leer, no podía empezar su día sin leer al menos dos diarios. De hecho Germán creó una escuela de formación en ATE Capital. Me heredó discos de Serrat, coleccionaba mates, leía desde Marx, Lenin a novelas policiales, era un amante de la música, le gustaba mucho Paco de Lucía”.
Sin dudas, los trabajadores en su conjunto tuvieron en Germán Abdala un hombre de profunda lucidez, combativo, indoblegable y con admirable fortaleza interior. “Si bien nos fue mal en la lucha contra las privatizaciones, Germán tuvo mucho que ver en ella, ATE era el gremio que más estaba en la calle. El movimiento obrero ganó para la historia ya un dirigente con características muy particulares. Porque además de ser muy formado, era un tipo confiable, en el que la gente depositaba su confianza, lo seguía con los ojos cerrados, sabían que él no te iba a cagar. Si bien uno ya no quiere hablar de la muerte, también es verdad que todo esto que se ganó con su nacimiento también se perdió con su partida”, lamentó Quagliaro.
Pero sin dudas y en la intención de festejar su nacimiento, a toda la clase nos queda en lo político su legado de la defensa irrestricta de la autonomía de los gobiernos, los partidos y los patrones, de la sonrisa aún en los momentos más difíciles, del chiste para pechear la realidad, de la entereza emocional para decidir quedarse o irse entero, de la honestidad.
Germán entró a la historia como el mar que amaba entra a la playa. Sin aviso, intempestivo e imparable, abarcador e inacabable. Feliz cumpleaños, Germán Abdala. Ojalá estemos a la altura de seguir transitando tu camino.
* Equipo de Comunicación CTA Rosario
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