Rosario, 2 de junio de 2014.- Un 2 de junio de 2004 se iba íngel Porcu, compañero militante de ATE Rosario. Nos dejó su ejemplo, su coraje, su recuerdo en ATE y su memoria en primera persona. Hoy tiene mucho para decir y a diez años de su partida, quiere contarnos algo, íngel Porcu.
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{{Mi nombre es íngel Porcu}}
Nací en Villaputzu, provincia de Cagliari – Italia – el día 30 de setiembre de 1941. Mis padres: Pietro Porcu y Elvira Zucca.
En el año 1948, teniendo yo 7 años, emigré a la Argentina junto a mis padres y hermanos. La causa por la que mis padres resolvieron emigrar a Argentina fueron particularmente dos: 1º que al finalizar la 2º Guerra Mundial mi padre tenía dificultades de encontrar trabajo en la Isla de Cerdeña y, al igual que tantos italianos, debía buscar donde encontrarlo más o menos seguro y estable. 2º que como en Argentina se encontraban mis abuelos maternos, quienes les proponían a mis padres que nos fuéramos para allá, los convencieron y partimos para Argentina, llegando allá el 13 de octubre de 1948.
En Argentina como mi padre siempre se dedicó a las labores del campo, consiguió trabajo como jornalero en una colonia agrícola de la Provincia de Santa Fe. En esa colonia agrícola estuvimos desde 1954-55 más o menos.
Yo empecé a trabajar desde los 11 años en trabajo a destajo en las temporadas de levantar las cosechas de maíz y papas.
Por el año ´55 habiendo terminado yo mi escuela primaria hasta el 6º grado, mi padre decidió cambiar de trabajo en busca de mejores condiciones de vida y para la familia, por lo que nos cambiamos de la Colonia Agrícola a una zona que se dedicaban particularmente a la producción de verduras y hortalizas, comúnmente llamadas quintas. Esta zona está ubicada sobre las riberas del río Paraná y mi padre se contrató como mediero en una quinta de los alrededores de Arroyo Seco, una ciudad chiquita de unos 25 a 30 mil habitantes.
El contrato de mediero básicamente consistía en que el padrón ponía la tierra (unas 10 hectáreas) las herramientas y las semillas, nosotros aportábamos el trabajo familiar y lo que se cosechaba se repartía 50% para el padrón y 50% para nuestra familia.
A fines de 1959, teniendo yo 18 años cumplidos, como lo que se acaba en la quinta era insuficiente, pues tanto yo como mis hermanos crecíamos y teníamos necesidad y aspiraciones personales, yo entré a trabajar en la Compañía Constructora que estaba radicada en Villa Constitución (a unos 30 kilómetros de Arroyo Seco) y realizaba reparaciones y ampliaciones en las Empresas Metalúrgicas de esa ciudad, particularmente Acindar S.A. y Metcon S.A. En esa Cía. Constructora trabajé casi dos años. Mientras seguía viviendo con mis padres en la quinta, pues como estaba a 1 km. de Arroyo Seco no me quedaba demasiado lejos el transporte. Los fines de semana ayudaba a mis padres en las labores de la quinta.
En el mes de agosto de 1961, ya próximo a cumplir los 20 años, motivado por mejores condiciones laborales y salariales, dejé el trabajo en la Cía. Constructora y entré a trabajar en Acindar S.A. de la ciudad de Villa Constitución. Allí fui designado a la sección Trefilación, donde aprendí el oficio y pasé a ser oficial trefilador. Allí trabajé durante 14 años.
Desde 1961, fecha en que entré a trabajar en Acindar, hasta 1964, seguí viviendo con mis padres en la quinta a quienes ayudaba en mis días libres.
A fines de 1964, como yo tenía en construcción una casa de mi propiedad en la ciudad de Arroyo Seco y estaba próximo a contraer matrimonio, me fui a vivir a mi casa y al poco tiempo me casé, independizándome de mis padres.
A fines de 1971, 10 años después de estar trabajando como trefilador en Acindar, fui elegido como Delegado Gremial en representación de mi sección.
La motivación que me llevó a aceptar el cargo de Delegado fue particularmente por una serie de problemas que se venían arrastrando desde hace tiempo en relación a problemas laborales de pago de prima de producción, falta de una auténtica representación gremial.
En enero de 1973 fui designado como miembro de la Comisión Interna de Acindar. Es decir de acuerdo a la cantidad de obreros, unos 2300 en ese tiempo, había 83 delegados distribuidos en las distintas secciones y turnos de trabajo: de entre los 83 delegados, a través de elecciones en una junta de 83 delegados, se designó una Comisión Interna compuesta por 5 miembros, quienes pasan a asumir la representatividad del cuerpo de delegados y llevan adelante las tratativas y negociaciones, ante la Empresa, de los problemas internos de la Fábrica.
Cabe destacar que en esos tiempos aún se vivía un gobierno dictatorial militar, producto del golpe militar perpetrado contra el Gobierno radical del Dr. Illia en 1966. Nuestro sindicato se mantenía intervenido desde principios de 1970 y no se ejercía la democracia sindical: por último estábamos en la época en que los militares estaban negociando con los civiles la apertura democrática, el retorno de Juan Domingo Perón desde el exilio y las elecciones democráticas, que finalmente se dieron a fines de 1973 y asume el Gobierno Peronista.
Dentro de este contexto es que desde la Comisión Interna de Acindar de la cual yo formaba parte, se impulsaron toda una serie de reivindicaciones laborales y salariales (pues las condiciones de trabajo y salariales estaban muy deprimidas) ante la Empresa, a la vez que con vistas a lograr la apertura democrática en lo gremial, se formó un Movimiento de Obreros Metalúrgicos, para exigir las elecciones democráticas en nuestro Sindicato y participar de ellas. Este Movimiento se llamó “Movimiento Metalúrgico 7 de Setiembre: Lista Marrón”.
La lucha por la democratización de nuestro sindicato fue larga y dura, pues como la corriente gremial interventora, a la que nosotros definíamos como la “burocracia sindical”, no quería otorgar las elecciones por miedo a perder el control del sindicato, se tuvieron que realizar distintas medidas de fuerza, como ser movilizaciones, marchas e incluso se llegó a la huelga para obligarlos a fijar la fecha electoral.
Finalmente las elecciones gremiales se realizaron a fines de noviembre de 1974. Nuestro Movimiento conocido bajo la sigla de la “Lista Marrón” triunfó con el 64% de los votos y la burocracia sindical tuvo que entregar el sindicato a la nueva Comisión Directiva cuyo Secretario General era el Cro. Alberto Piccinini. Esto se concretó en los primeros días de diciembre de 1974.
Una vez instalada la legítima Comisión Directiva en el Sindicato se abocó de inmediato a la inmensa tarea de dar solución a los problemas existentes en las diversas áreas. Por ejemplo los 7000 metalúrgico afiliados a nuestro Sindicato carecíamos de los más elementales beneficios sociales (a los 7000 metalúrgicos) oscilaba entre los 120 y los 130 millones de pesos de esa época, lo que centraliza la Dirección Nacional nos giraban un presupuesto de no más de 10 millones de pesos. Resultado de esto: no se contaba con una adecuada asistencia médica ni ningún recurso para mejorar las condiciones laborales se elaboró un anteproyecto para las paritarias nacionales próximas a realizarse. En el aspecto salarial, ante la dramática y constante caída del poder adquisitivo de los salarios, frente a la alza desenfrenada del costo de vida correspondientes y justas.
Por el año 1975, cuando ya hacía más o menos un año había fallecido el Presidente Perón y estaba como presidenta Isabel Perón, era notoria la influencia que ejercía en la marcha del Gobierno la corriente de ultraderecha, de carácter neofascista conocida como “Lopezreguismo” alusivo a López Rega, integrante de la Logia P2 y consejero espiritual de Isabel Perón. En esa época ya existían las tristemente célebres bandas que de hecho ejercían el terrorismo de Estado, bajo las siglas de “A.A.A.” quienes actuaban con toda impunidad en todo el territorio nacional, ejerciéndose ya para esa fecha, una política represiva contra los sindicatos, movimientos, agrupaciones, etc., que mostrasen alguna oposición a los ya definidos burócratas sindicales, quienes contaban con todo el apoyo del Estado para perseguir, detener, desaparecer, torturar, y asesinar a los dirigentes y activistas definidos como “opositores”.
En este marco es que se llega a marzo de 1975. Ya para ese período habían sido nuevamente intervenidos la mayor parte de sindicatos de “oposición”: sus dirigentes encarcelados, perseguidos y varios desaparecidos. Nosotros seguíamos legalmente constituidos y trabajando por las mejoras expresadas más arriba. Pero esa evidente que la burocracia sindical y el aparato represivo del Estado estaban maquinando como apoderarse nuevamente de nuestro Sindicato, pues en la primera quincena de marzo salieron varios anuncios periodísticos en donde supuestamente el Gobierno estaría investigando una actividad subversiva en Villa Constitución. Pretexto que les sirvió para lanzar un gigantesco operativo represivo en la noche del 19 y 20 de marzo de 1975, sobre la ciudad de Villa Constitución y zonas aledañas. El sindicato fue tomado militarmente e intervenido nuevamente por la burocracia sindical: la Comisión Directiva, Comisiones Internas, Delegados y activistas fuimos detenidos, torturados y encarcelados. En total fuimos detenidos unos 180 compañeros.
No obstante estar detenidos los dirigentes gremiales y los principales activistas, los 7000 metalúrgicos de inmediato se organizaron y declararon la huelga en demanda de nuestra libertad y la devolución del sindicato a la Comisión Directiva legítimamente constituida. Todo el pueblo de Villa Constitución apoyaban la huelga y a nivel nacional se contaba con la solidaridad de diversos sectores obreros, políticos y sociales. Entre los primeros 10 a 15 días de detención fueron liberados, pero los principales dirigentes y activistas (unos 40 más o menos) fuimos absueltos por no tener cargos contra nosotros, pero por la vigencia de la Ley de “Seguridad Nacional” nos pasaron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, conocido como “bajo PEN”.
Nuestros compañeros en las fábricas seguían la huelga e hicieron diversas marchas, asambleas multitudinarias y manifestaciones populares exigiendo nuestra libertad y la devolución del Sindicato. En la ciudad de Villa Constitución, con no más de 15000 habitantes, participaron hasta 15000 personas en las manifestaciones. La respuesta del Gobierno de Isabel Perón fue incrementar la represión, llevaron los tanques de guerra a las fábricas y a la ciudad, reprimiendo, desapareciendo, torturando y asesinando a numerosos compañeros.
La huelga fue derrotada luego de 60 días de salvajes luchas: con un saldo de unos 15 compañeros vilmente asesinados en las marchas o en las cámaras de torturas. El Sindicato quedó intervenido, al reingresar los trabajadores a sus labores más de 1000 compañeros fueron despedidos y nosotros –los legítimos dirigentes– quedamos presos a disposición del PEN en condiciones carcelarias infrahumanas durante largos años.
En el aspecto político nunca había participado en ninguna actividad, era político y no me interesaba ninguna fuerza política en particular.
Desde el momento en que fui elegido Delegado en cierto modo mi vida y mi forma de ver y encarar los problemas sociales fue pasando por distintas etapas y cambios. A partir de mi actividad gremial, de hecho también comenzó una relación con la política, particularmente en los comienzos del ´73, cuando formamos un importante movimiento de Recuperación Sindical con vistas a las elecciones próximas a concretarse. En torno a nuestro movimiento confluían solidariamente a ofrecernos su colaboración y ayuda tanto los socialistas, los comunistas, los intransigentes, corrientes del peronismo, radicales, etc. El propio Raúl Alfonsín, actualmente presidente constitucional, estuvo en una oportunidad en nuestro local dando una conferencia sobre los derechos constitucionales y solidarizándose con nuestra lucha.
En estos marcos es que personalmente fui conociendo a diversos dirigentes y militantes políticos, escuchaba sus exposiciones políticas, ideológicas, pero siempre manteniendo una correspondiente distancia e independencia, pues mis ideales eran dedicarme a la actividad gremial sin mezclarme con la política.
Estando ya detenido, a partir del 20 de marzo de 1975, en primera instancia estuve 45 días en una cárcel de la ciudad de San Nicolás, luego fui trasladado a la cárcel de Sierra Chica. Allí conviví con todos los demás presos políticos. Al mismo tiempo que al hacerme un replanteamiento de todo lo sucedido durante la lucha por la democratización sindical, la posterior detención, encarcelamiento, la represión por parte del Estado, las torturas, los desaparecidos, los compañeros muertos, la nueva intervención del sindicato, etc., me fue llevando al convencimiento de que las luchas por mejores condiciones de vida y respeto a las condiciones humanas de los trabajadores no basta con la mera lucha gremial; sino que esto se lograría con transformaciones políticas, económicas y sociales impulsadas desde el poder gubernamental que verdaderamente represente los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares. Lo cual me llevo a interesarme más en las cuestiones políticas y terminé por integrarme a una de las fuerzas revolucionarias: El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
Al año de estar detenido, el 24 de marzo de 1976, se da un nuevo golpe militar que derrocó al Gobierno de Isabel Perón instaurando un régimen dictatorial, neofascista, implantando el terrorismo de estado como ley, la desaparición, tortura y crimen como norma, con las consecuencias más desastrosas en lo político, económico y social para un pueblo. Hecho conocido y condenado internacionalmente.
La embajada de Italia en Argentina se preocupó por mi situación desde los primeros meses de detención y luego del golpe militar; ante las reiteradas negativas de otorgarme mi libertad en Argentina se tramitó mi extradición a Italia, pues mi ciudadanía siempre la mantuve como italiano radicado en Argentina. Para poder extraditarme la embajada tramitó ante el Ministerio del Interior argentino que me expulsó del país.
En estas condiciones es que finalmente el 27 de diciembre de 1977 logré mi libertad y llegué a Italia repatriado el día 28 de diciembre del mismo año.
Una vez en Italia pasé los primeros 3 o 4 meses en Villaputzu, provincia de Cagliari, en casa de mis tíos. Luego me conecté con mi organización y me trasladé a la provincia de Brescia radicándome con domicilio en la ciudad de Palazzolo Sul Oglio. La actividad principal que desarrollé durante los años que estuve radicado en Italia estuvo relacionada al trabajo de renunciar ante las distintas organizaciones gremiales de diversos países europeos, la situación de represión, persecución y crímenes que padecía la clase trabajadora y el pueblo argentino bajo la opresión de la Dictadura Militar encabezada por el tristemente célebre General Videla (hoy condenado a cadena perpetua por sus crímenes).
Para desarrollar esta actividad redacté varios folletos, los que se difundían como medio de información y lograr así la solidaridad y apoyo de los organismos gremiales de los distintos países que visitaba con ese objetivo. Pude tomar contacto y participar en congresos y reuniones gremiales en Suiza, Inglaterra, Holanda, Francia, España, Bélgica, Suecia y en particular con las federaciones gremiales de Italia, CGL, CISL e UIL, cubriendo las principales ciudades como Romo, Milano, Torino, Brescia, Génova, etc.
En el año 1979, tras pasar mi organización por un período de crisis interna, se dio la primera división de una parte importante del PRT, los que en parte se trasladaron a Nicaragua en los momentos previos a la toma del poder por los sandinistas.
Como el PRT en ese momento estaba en periodo de precongreso, a mediados de ´79 se realizó el VI Congreso, donde se reelaboraron los documentos políticos y partidarios y se reorganizaron las fuerzas en torno a la línea votada y aprobada en el Congreso, tomándose como un objetivo prioritario la implantación del retorno clandestino al país e integrarnos junto al pueblo argentino en su lucha contra la dictadura militar.
En ese tiempo yo vivía en Palazzolo Sul Oglio junto a un grupo de compañeros del PRT por lo que conjuntamente con ellos fui preparando los planes de retorno.
Para la subsistencia de los miembros de la organización en el exilio se contaba con la solidaridad internacional. En los países que nos otorgaban asilo político, a través del ACNUR, todos los compañeros recibían un subsidio mensual hasta que aprendieran el idioma y empezaran a trabajar. En Italia, donde no se contaba con este subsidio oficial, recurríamos a la solidaridad y apoyo de los partidos políticos, sindicatos, iglesias, las intendencias municipales, etc., logrando así casas donde vivir, fuentes temporales donde trabajar y diversas donaciones en alimentos, ropa y dinero.
Con el grupo de compañeros que yo estaba integrado en Palazzolo Sul Oglio con vistas al retorno a la Argentina, organizamos una campaña financiera especial: mediante la formación de un conjunto de música latinoamericana que actuó en diversas partes; venta de artesanías; literatura, etc., en las fiestas organizadas por los partidos políticos, y a través de la Iglesia de Palazzolo se realizó una exposición y venta de cuadros con donaciones de casi todos los pintores de la región. Esta campaña financiera duró aproximadamente unos 8 meses y se juntó el dinero suficiente para garantizar el plan de retorno a Argentina de todo el grupo.
A mediados de 1980 implementados la primera parte del plan, que consistía en salir de Italia, despistar a los servicios de Inteligencia de la Dictadura Militar Argentina, quienes venían siguiendo nuestros movimientos, y estacionarnos provisoriamente durante una temporada en un país de América Latina.
El grupo de Palazzolo se disolvió y cada uno salimos por distintas vías en forma individual o familiar, en mi caso salí con mi esposa e hijos y fuimos a Francia (París), allí la organización nos proveyó de documentación falsa y al día siguiente tomamos un vuelo para México, ciudad designada para radicar temporalmente hasta completar la segunda parte del plan, que sería el ingreso clandestino a la Argentina.
En el mes de setiembre de 1980 se dio un acontecimiento que indirectamente repercutió en nuestra Organización: un comando integrado por internacionalistas revolucionarios ajustició en Paraguay al ex dictador de Nicaragua Anastasio Somoza. Al día siguiente uno de los integrantes del comando fue muerto por las fuerzas policiales paraguayas, quien resultó ser un ex compañero de nuestra Organización, integrante del grupo de compañeros que se habían separado del partido en 1979, e incorporado a la Revolución Sandinista. Los servicios de inteligencia paraguayos y argentinos trabajaron conjuntamente sobre el caso y evidentemente tomaron 3 elementos básicos surgidos de esa operación, para volcar toda su atención y persecución a nuestra Organización:
1 – El integrante del comando que mataron en Paraguay fue reconocido como el Capitán Santiago (ex miembro del PRT).
2 – El capitán Santiago había estado preso en 1971 en Argentina junto a otros revolucionarios, entre ellos Silvia Hodgers, quien provenía del medio artístico.
3 – El operativo montado para ajusticiar a Somoza fue en base a una supuesta actividad artística.
Estos elementos fueron tomados como base de una amplia difusión periodística, donde aparecían como los principales responsables del ajusticiamiento el capitán Santiago y Silvia Hodgers. Difundiendo sus fotografías y antecedentes en todos los periódicos, con el correspondiente pedido de captura a través de Interpol de Silvia Hodgers, con quien yo había formalizado pareja desde unos años antes y en esos momentos llevábamos unos 3 o 4 meses viviendo juntos en México. Estos hechos, dadas las condiciones en que nos encontrábamos, nos obligaron a que por un tiempo mi esposa dejara de movilizarse públicamente y tuvimos que cambiar de casa y empleo, disponiéndonos a dejar pasar un tiempo de espera de que la situación mejorase.
Casi un año después, el 27 de octubre de 1981, mientras bajaba las escaleras de una estación de metro, fui sorprendido por 4 empistolados de civil, quienes utilizando los clásicos métodos de las bandas paramilitares argentinas en la desaparición de personas, sin identificación alguna, me obligaron a subir a un automóvil, me encapucharon y me tendieron en el piso, partiendo inmediatamente del lugar. Luego de unos 15 a 20 minutos de marcha, el automóvil se detuvo, me bajaron y guiándome por un brazo me hicieron subir y bajar escaleras conduciéndome a un determinado lugar (después me enteré que estaba en el cuartel general de la ex DIPD) donde comenzaron a torturarme e interrogarme. En esto participaron voces con acento mexicano y argentino. Las voces con acento mexicano interrogaban sobre supuestos contactos con organizaciones de izquierda mexicana, asaltos bancarios y secuestros; mientras que las voces de acento argentino interrogaban sobre quienes regresaríamos clandestinos al país, que documentación usábamos, por cual frontera pensábamos ingresar, cuales eran nuestros contactos y planes en el país y quienes habíamos participado en lo de Somoza. Ante mi negativa a reconocer o como me decían “colaborar”, la tortura duré desde aproximadamente las 20 horas del día 27 hasta las 5 o 6 de la mañana del día 28. Finalmente me sacaron la capucha y me siguieron interrogando solamente mexicanos, quienes me mostraron pertenencias de mi esposa e hijos, y una copia de pedido de captura que pendía sobre Silvia Hodgers, con la cual me chantajearon, pues me daban a elegir entre ser deportados a Paraguay o a Argentina, como responsables del ajusticiamiento de Somoza (lo que sería una muerte segura) o reconocerme culpable de los cargos que me hacían, pues, según argumentaban, a ellos les interesaba “cerrar esos casos” y luego nos dejaban salir a un país neutral, tanto a mi esposa como a todos los del grupo. Ante estas alternativas no quedaba otra que aceptar los cargos que me hacían y evitar la deportación.
Una vez que acepté hacerme responsable de los cargos me tuvieron 2 días más incomunicado, fraguaron lo que sería mi declaración a presentar ante el Juez y la firmé. En los días posteriores, el 2 de noviembre de 1981, fui trasladado al Reclusorio Norte y al rendir mi declaración preparatoria ante el Juez del 6º Penal, ratifiqué la declaración fraguada y firmada en la DIPD. Después de esto mi esposa e hijos fueron puestos en libertad y con la propia documentación falsa que tenían salieron de México y se fueron a Suiza, donde se legalizó y se refugió como perseguida política, situación que el día del hoy sigue manteniendo.
Sobre mi situación, en vez de “cerrar el caso” como habían prometido, me abrieron un proceso junto a otros detenidos argentinos, bajo los cargos de “asociación ilícita, robo, secuestro, documentación falsa y estancia ilegal en el país”. Sin entrar a detallar innumerables irregularidades que se dieron en el proceso, ni las falsas promesas de libertad que periódicamente nos ofrecían, ya que ese actualmente no es el problema a superar, los inculpados en esos delitos fuimos sentenciados a 13 años de prisión.
Hoy en día ya llevo 5 años y casi 10 meses de prisión, de acuerdo a los beneficios que me corresponden por buen comportamiento y haber trabajado todo el tiempo, ya estoy pasado en 4 meses del período preliberacional, por lo que vengo planteando, en cartas anteriores dirigidas al Sr. Cacciaguerra, Consejero de la Embajada Italiana en México, mi pedido de solidaridad y apoyo por parte de mi país natal para que se ponga todo el esfuerzo y voluntad política necesaria en lograr mi libertad y retorno a Italia en un breve plazo.
Mis planes, una vez en Italia son: en primer lugar trabajar y normalizar mi situación legal, en segundo lugar tramitar ante la Embajada Argentina en Italia mi futuro retorno legal a Argentina. La motivación de este deseo está basada en que en Argentina viven mis padres, hermanos e hijos de mi primer matrimonio a quienes no veo desde hace más de 10 años.
{{25 de agosto de 1987.-
íngel Porcu.
Gringo:
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE COMPAí‘ERO!!!}}