La despedida a un luchador: Andrés Carrasco

Rosario, 12 de mayo de 2014/ Por Armando Cassinera* / El sábado 10 de mayo falleció Andrés Carrasco, para nosotros un Polí­tico, un Militante, Médico y Cientí­fico. Seguramente sus familiares y amigos lo recordarán además por otras cualidades humanas.

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Su aporte fundamental como cientí­fico fueron sus estudios de embriologí­a relacionados con los efectos del glifosato en anfibios , fundamentales para desterrar las mentiras de la multinacional Monsanto sobre la inocuidad de su herbicida que en nuestro paí­s se dispersa por cientos de millones de litros en los cultivos de soja con sus consecuencias de aumento significativo de múltiples patologí­as y enfermedades que antes eran de escasa frecuencia y por supuesto de muertes, como lo señala la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.
Sin lugar a dudas, sus valiosos descubrimientos cientí­ficos hubieran quedado deliberadamente sepultados en el cúmulo de publicaciones especializadas si no hubiera sido por su compromiso social como médico, como cientí­fico, como polí­tico y como militante.

Plenamente consciente de las repercusiones que tendrí­an los resultados de sus investigaciones y de los intereses que poní­a en riesgo, no dudó en salir a recorrer incansablemente el paí­s a divulgarlos en el seno de las universidades y de cuanta organización social o académica lo convocara. Pero su prédica no se limitó a denunciar los efectos del glifosato, sino que salió con su verdad a enfrentar el poder, a denunciar el modelo extractivista , en especial el modelo agrario sustentado básicamente en la producción de soja transgénica indisolublemente ligada a la utilización de más de 300 millones de litros anuales de venenos agrí­colas.

Su enfrentamiento con el poder no fue gratuito. Primero , fue denostado públicamente por el ministro de Ciencia y Técnica, Lino Barañao, que rápida y disciplinadamente salió a defender a Monsanto hasta que el propio sistema cientí­fico que él mismo avala confirmó la seriedad de las investigaciones de Andrés Carrasco.

El CONICET, organismo que el propio Andrés Carrasco presidió durante dos
años, también lo maltrató por enfrentarse al poder y a la corporación
cientí­fica. Primeramente, durante la gestión de la Dra. Marta Rovira, el
Directorio prohibió su participación en el stand oficial del organismo en
la Feria del Libro 2.010 donde iba a exponer sus investigaciones
investigaciones sobre los efectos teratogénicos del glifosato sobre el
desarrollo embrionario y últimamente le fue denegada su promoción a
Investigador Superior con argumentos totalmente inconsistentes.

El CONICET también fue objeto de duras crí­ticas de parte de Andrés Carrasco por su divorcio de la sociedad y connivencia con el poder económico. Entre otras cosas, hasta hace no muchos años el CONICET instituí­a un “premio” junto a la multinacional Monsanto y otro junto a la multinacional Dupont.
El poder del agronegocio también se encargó de demostrarle su poca simpatí­a y en una visita a la provincia del Chaco, en la localidad de La Leonesa, fue agredido por una patota de empresarios arroceros y mano de obra de mano pesada que no está dispuesta a dejar un negocio aunque implique un genocidio.

Mientras el Ministerio de Ciencia Técnica e Innovación Productiva impulsa un modelo de ciencia ligada a los negocios, un cientí­fico comprometido con su pueblo sale a enfrentarlo con herramientas del propio sistema, con resultados cientí­ficos al servicio de una concepción polí­tica de la ciencia opuesta a la oficial.

Mientras Andrés Carrasco denunciaba el genocidio silencioso de los venenos agrí­colas, el ministro de Ciencia y Técnica vení­a en 2011 a la Bolsa de Comercio de Rosario a bendecir el “FORO DEL NEGOCIO GLOBAL DE LA BIOTECNOLOGIA VEGETAL” (Biotech Forum). En esa oportunidad, refiriéndose al uso de venenos agrí­colas lo comparó con los accidentes de tránsito: “los accidentes causan una alta tasa de mortalidad, y sin embargo nadie deja de usar el auto” decí­a Lino Barañao.

Andrés Carrasco no solo le puso el cuerpo a la patota chaqueña sino que su compromiso también lo tuvo como testigo en el juicio que las heroicas Madres del Barrio Ituzaingó en la ciudad de Córdoba llevaron adelante contra el modelo sojero (causante de numerosos casos de cáncer en niños del barrio) en las figuras de un productor y un fumigador que resultaron culpables sin condena, al igual que el modelo.

Paradójicamente, el sistema cientí­fico invierte incalculables fortunas en descubrir curaciones o paliativos contra el cáncer porque curar o mitigar los sufrimientos de la enfermedad es un fabuloso negocio mundial. Mientras tanto el poder polí­tico se niega a generar polí­ticas contra las causas del cáncer como son las fumigaciones agrí­colas que en caso de las fumigaciones aéreas constituyen una variante de los “vuelos de la muerte” organizados ahora por la dictadura del extractivismo.

Como toda muerte de un luchador deja un cúmulo de sentimientos, de injusticia, dolor, de gratitud, de desprotección y también un vivo legado y la obligación de asumir el compromiso de continuar la lucha a la que este Polí­tico, Militante, Médico y Cientí­fico hizo un invalorable aporte.

El poder suele ser muy cruel con quienes se le atreven, pero sin atrevidos todo será peor. Esto es lo que entendió y honró con su ética y militancia Andrés Carrasco.

{{*Armando Cassinera}} {es investigador del Conicet, ex consejero del claustro de graduados de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, delegado de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE Rosario) y militante de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Rosario).
}

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