Décadas de luchas y sueños compartidos

De un compañero, como el Colorado, es difí­cil elegir un momento de su larga trayectoria, para plasmarla en algunas lí­neas. Y lo es, porque pasó su vida con los trabajadores, que lucho codo a codo con ellos, que soñó con ellos, que sufrió represiones con ellos, que tuvo alegrí­as y penas con ellos.Compartir Facebook




{{Introducción}}

En esta ocasión, nos inclinamos por destacar el papel que jugó en los convulsionados años 1968 y 1969. Años que fueron claves para la historia de los trabajadores, para la dictadura de Ongania y marcarí­an al paí­s por décadas.

A partir de esos años, la Argentina, no volvió a ser lo que era. Surgió la CGT de los Argentinos, el pueblo fue protagonista de los “AZOS”, se inicio el derrumbe de los sueños de eternidad de la dictadura del 66, mientras miles de trabajadores y estudiantes se incorporaban a la lucha por una sociedad más justa y solidaria.

Y Quagliaro, en esos años estuvo en las trincheras con el proletariado rosarino, y a ello nos vamos a referir

{{Surge la CGT de los Argentinos}}

Luego del golpe cí­vico-militar al presidente Arturo Illia, en 1966, que fue apoyado entre otros, por varios jerarcas sindicales como Coria, Alonso y Vandor, en el mundo de los trabajadores, la designación del “dialoguista” Rubens San Sebastián para la Secretarí­a de Trabajo, a mediados de octubre 1966, constituyó un rudo golpe para los sectores “rupturistas”, y a partir de ese instante se ratifico y robusteció el compromiso de “conciliación”. Dentro de la CGT el compromiso fue piloteado por Vandor, que estaba al frente de las 62 Organizaciones, y de esa manera lograba consenso entre los gremios “no alineados” e “independientes”. El gobierno buscaba un “pacto social”, pero cuando se promulgo la ley de arbitraje obligatorio, muchos creyeron ver un acto de fuerza, pero la CGT lo recibió con serenidad.

Tras del fracaso de las medidas de la CGT a comienzos del 67, creció la relación de los sindicatos colaboracionistas encabezados por Coria, con el gobierno. Posteriormente, en el Congreso Normalizador “Amadeo Olmos” de la CGT, del 28 al 30 de marzo de 1968, se produjo la fractura del sindicalismo, y surgió la “CGT de los Argentinos” (CGTA), siendo elegido Raimundo Ongaro, como Secretario General, al que apoyaron un amplio arco ideológico de gremialistas. Mientras que se retiraron del congreso tanto vandoristas como colaboracionistas, constituyendo la “CGT de Azopardo”, que paso a ser la “CGT oficialista y colaboracionista”, que en las discusiones con la CGTA, levantaba la consigna “Primero la unión, después la lucha”, mientras que la central comandada por Ongaro, les respondí­a planteando “Primero la lucha, después la unión”.

El Congreso Normalizador de la CGT, se transformo en una verdadera batalla contra la dictadura, contra el participacionismo y el colaboracionismo de algunos sindicalistas. En él tuvieron cabida las aspiraciones de lucha de los trabajadores, y su voluntad de impulsar la lucha antidictatorial.

Se habí­a unificado un conglomerado de fuerzas polí­ticas, sindicales y estudiantiles, y lo hicieron tras un programa antiimperialista, antimonopolista y anti oligárquico. Los principios económicos, sociales y polí­ticos, de la CGTA quedaron de manifiesto cuando dieron a conocer su “Mensaje a los trabajadores y el pueblo. Programa del 1º de Mayo de 1968″, que siguió el camino de otros documentos del sindicalismo como el de La Falda (1957) y el de Huerta Grande (1962). El que pasarí­a a ser un documento histórico de la clase obrera, fue ampliamente divulgado entre los sindicatos, activistas gremiales y polí­ticos. Fue redactado por Rodolfo Walsh, mientras que Ongaro le dio los últimos retoques.

{{Héctor Quagliaro y la CGT de los Argentinos Regional Rosario}}

Un sector del movimiento obrero de Rosario y del Cordón Industrial, encabezados por Quagliaro, en Abril de 1968, lanzo una convocatoria titulada “Por una CGT sin compromisos o ataduras espurias” en donde se afirmaba “Asumimos la responsabilidad que el momento nos exige, Unir en torno a esta Regional de la CGT, a todos los que, sin compromisos o ataduras espurias, entendemos que a los trabajadores se los arma de fe y de ansias de lucha, con posiciones claras, que no dividen, sino que unifican y sirven para hacer surgir dirigentes leales a las ideas e intereses del pueblo trabajador”.
Posteriormente, el 17 de ese mes 27 gremios, eligieron al Colorado, para presidir esa asamblea de trabajadores. En la apertura se leyeron entre otras las adhesiones del Sindicato de Prensa, del reverendo padre Santiago MacGuirre, de la Unión de Mujeres Argentinas, del Centro de Estudiantes de Ciencias Medicas, Bioquí­mica, Farmacia y Ramas Menores, del Movimiento de Liberación Nacional, Rama femenina del Justicialismo y Frente Estudiantil Nacional.

Luego, Quagliaro, dado el clima de efervescencia entre los delegados obreros, los invito a debatir el tema que los convocaba, y se aprobó la conformación de la CGTA Regional Rosario, designándolo secretario general.

Un nuevo puesto de lucha, para el compañero de ATE, que habí­a sido elegido por los representantes de estos: Asociación Trabajadores del Estado (ATE), filial Rosario y filial Borghi, FOETRA Rosario, Sindicato de Minerí­a, Asociación Bancaria, Federación Gráfica Rosarina, La Fraternidad, Sindicato del Seguro, Sindicato de Jaboneros y Afines, Sindicato de Obreros ceramistas, Sindicato de Viajantes, Luz y Fuerza, Gas del Estado. Unión Ferroviaria del Ferrocarril Mitre, Belgrano de Puerto Rosario, de Santa Fe y Villa Constitución, Sindicato Quí­mico Papelero, Sindicato de Panaderos, Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOE CYT) Sindicato de Marí­timos, Industrias Quí­micas, Sindicato de Obreros Mosaí­stas, Sindicato de Operadores Cinematográficos y Sindicato de Obreros de Calzado.

{{La CGTA de Rosario y el 1° de Mayo de 1968}}

A solo dí­as de su constitución, la CGTA Regional Rosario, anuncio que un plenario de gremios habí­a decidido realizar un acto público en Plaza Pringles, para conmemorar el 1º de mayo, al cual asistirí­an dirigentes nacionales
El comunicado puntualizaba que “Se reafirman los objetivos del movimiento obrero y del pueblo argentino, sintetizados en los siguientes puntos:

1.-Por la Justicia Social.

2.-Por el imperio de una democracia sin falsificaciones y la soberaní­a nacional.

El acto de Rosario, fue el más importante del movimiento obrero en ese año. El 1º de mayo, el clima en la ciudad era de tensión, que se puso de manifiesto en las primeras horas de la tarde, al apostarse una fuerte vigilancia policial en la zona céntrica y especialmente en la Plaza Pringles, lugar elegido para la concentración. La Jefatura de Policí­a en forma reiterada habí­a advertido que el acto estaba prohibido y que solo iba a permitir su realización en un local cerrado, por lo cual debí­an abstenerse de realizarlo en dicha plaza. La central obrera, habí­a presentado un recurso de amparo, y el juez Veiga, autorizó la realización del evento programado, indicándole a la policí­a que “debí­a abstenerse de obstruir, impedir u obstaculizar de cualquier forma su realización”.

El dispositivo policial incluyo un amplio despliegue de la Guardia de Infanterí­a, Comando Radioeléctrico, Guardia de Seguridad de Caballerí­a, policí­as de civil y uniforme que recorrí­an las calles, desviando el tránsito de automóviles y peatones, impidiendo que se acercaran a la Plaza Pringles o al local de la CGT. Los primeros incidentes se produjeron cuando la policí­a agredió a un periodista de La Capital. En el local de la central obrera se congregaron dirigentes nacionales y locales, a los que se sumaron militantes sindicales y polí­ticos.

A las 16hs, Héctor Quagliaro, se dirigió a los presentes, señalándoles que dadas las condiciones creadas y la prohibición policial, se dirigirí­an por calle Córdoba hasta donde se produjera el contacto con la policí­a para notificarse de la orden oficial y que existí­a el propósito de labrar un acta haciendo constar ese medida policial en contraposición con la sustentada por la justicia.
De tal modo, encolumnados en grupos, marchando al frente los dirigentes y los asesores letrados, se encaminaron hacia la plaza, por la vereda impar. El paso por la Plaza San Martí­n y la cuadra restante se hizo sin que surgieran inconvenientes, pero a la altura de Córdoba al 1700, en un rápido despliegue se hizo presente la policí­a, al mando del comisario Inspector Jorge A. Barrionuevo, Subjefe de la División Seguridad, quien a viva voz ordeno a los manifestantes a dispersarse y retroceder.

El Colorado, le respondió que “se iba a ejercer el derecho establecido por la Constitución Nacional y que estaba autorizado por una resolución judicial”, a lo que el funcionario policial contesto “yo le doy una orden y hay que cumplirla”. En ese momento comenzaron a entonarse los estribillos “Viva el 1º de mayo”, “Patria si, colonia no”, lo cual motivo que los efectivos policiales de infanterí­a y caballerí­a con sables y bastones cargaran sobre los manifestantes, deteniéndose a varios dirigentes.

Ante la imposibilidad de concretar el acto en la Plaza Pringles, se decidió realizarlo en el interior del local de la central obrera. Fue así­ que en el patio se concentraron los presentes y se improviso una tribuna que ocupo en primer término el secretario de la CGTA de Rosario, Héctor Quagliaro, quien manifestó “Este conjunto de hombres y mujeres aquí­ reunidos está demostrando ante propios y extraños que el 1º de mayo no lo impedirá jamás ni la policí­a ni los guardianes de la reacción. Aplaudimos la valiente actitud de los compañeros que hacen poco momentos fueron detenidos y estamos dispuestos a continuar con nuestra labor, porque esta pelea, iniciada en las calles a de proseguir junto a todo el pueblo argentino. Una vez más la CGT está al servicio de los trabajadores”. Pidió a continuación un viva por el 1º de Mayo”. Luego ocuparon la tribuna otros dirigentes que exaltaron la significación de la fecha.

Luego del acto, fuerzas policiales se apostaron ante las puertas de la central obrera, impartiendo la orden de permanecer dentro del local e impidiendo la salida, incluyendo a los abogados laborales y a los periodistas. Se trato de localizar al juez de turno a los efectos de lograr la libertad de las personas reunidas, que sumaban más de cien. Al comunicarse con el Dr. Jorge Dana Crespo, Juez de Instrucción de turno, quien prometió hacerse presente de inmediato. Al no hacerlo, los abogados de la central obrera, se comunicaron con el presidente de la Corte Suprema, Dr. Raúl Sala, el cual contesto que “la corte no puede intervenir en dicho conflicto porque lo impide la Constitución”.
Los asesores letrados Dr. Eduardo Zanella, José E. Beristain, íngel Font, Jorge M. Amiune, se comunicaron con la secretaria del Juzgado del Trabajo, de la 2da Nominación, Dra. Celeste Bugní­, quien se hizo presente para comprobar la situación. Mientras tanto, la Unión Viajantes Rosario, habí­a presentado un recurso de “Habeas Corpus” ante el Juez del Trabajo, solicitando la libertad de los detenidos en la Jefatura de Policí­a y el local de calle Córdoba.

Pese a la resolución judicial la situación no varió en nada, y luego de varias negociaciones entre los sindicalistas y la policí­a, se llego a un acuerdo, por el cual los obreros y polí­ticos comenzaron a abandonar el local, siendo conducidos a la seccional quinta para su identificación y posterior puesta en libertad. El juez del Trabajo, Dr. Eduardo Veiga apercibió el Jefe de Policí­a, señalando que su actitud lesionaba el debido respeto a la magistratura al no acatar la orden judicial firme y consentido, y que de acuerdo a la legislación vigente la policí­a debe ser auxiliar de la justicia y tiene la obligación de acatar los fallos judiciales”.

Al ser sancionado el Jefe de Policí­a justifico en un comunicado su accionar y menciono al Colorado “que tras ser debidamente identificadas las personas que se hallaban en el interior de la central obrera local, se estableció que todas ellas no representaban al gremialismo en sí­, sino que entre las mismas estaban numerosos elementos endilgados e integrantes de activas células y fracciones extremistas y polí­ticas como ser, Héctor Quagliaro, polí­tico gremial, (sigue la lista), los cuales evidentemente persiguen fines totalmente opuestos a la fecha y con los fines de perturbar la tranquilidad, el orden y confundir a la ciudadaní­a como lo prueban los panfletos arrojados en la oportunidad”.

Producida la liberación de los detenidos, el Colorado, le dio forma a la redacción de este comunicado de la CGTA, manifestando que “La fuerza policial ha desconocido una orden judicial, una sentencia firme, que garantizaba el derecho de reunión. Se pregunta si existe el poder judicial o si vivimos bajo el gobierno de la comisión policial. Se ha visto como la furia desatada de la reacción no pone coto a sus abusos, cerrando el local de la CGT, y privando ilegí­timamente la libertad a quienes se encontraban en ella y agrediendo a ciudadanos y periodistas”.

{{El periódico CGT y la Regional Rosario}}

El 7 de noviembre de 1968, en el Nº 28 del periódico CGT, bajo el tí­tulo de “Regionales”, se informaba de lo que sucedí­a con la delegación que presidia Quagliaro: “El 7 de octubre se realizo en el local de FOETRA Rosario una asamblea de todos los gremios establecidos de la CGT de los Argentinos. En su transcurso las bases convalidaron la lucha contra el congelamiento de salarios y contra la racionalización que significa lisa y llanamente la cesantí­a masiva de compañeros que se incorporan a la legión de desocupados. Así­ mismo se decidió reclamar por el régimen jubilatorio y por las conquistas laborales que desde 1966 se viene avasallando una tras otra. Los trabajadores estatales de Rosario denunciaron cierta provincialización como paso previo a la privatización, pues no tiene sentido que no tiene sentido que servicios públicos económicamente rentables pasen a las administraciones provinciales”. (Periódico CGT, N° 28, 7 de noviembre de 1968).

Al año siguiente, el periódico de la CGT de los Argentinos en su Nº 53, publico una nota titulada “Rosario en la encrucijada”, en la que se comentaba la situación de la Regional Rosario, y de su origen. Se destaco el trabajo de Héctor Quagliaro, y por ser un documento histórico, es que lo compartimos “Rosario no paró el 29 y 30 de octubre. La ciudad que este año ha pagado junto con Córdoba las cuotas más altas del heroí­smo, parecí­a abandonar momentáneamente la lucha. Pero la sangre de Bello y Blanco no ha terminado de secarse, ni se han borrado de la memoria las jornadas de mayo y setiembre. Una rabia sorda late en las bases y en los dirigentes más lúcidos que por esta vez han debido morder el freno y aguardar su oportunidad.

Para explicarse en parte lo sucedido, hay que reconstruir la historia de la regional. Aquí­ como en el resto del paí­s, el vandorismo resultó ser la variante más peligrosa del colaboracionismo, que por su aptitud para disfrazarse como corriente nacional a pesar de una década de entregas y traiciones, para recoger con una mano los resultados de una lucha en la que no participa y con la otra los favores oficiales.

El 9 de abril de 1968, la regional Rosario dio un paso decisivo en la rebelión de las bases iniciada diez dí­as antes en Buenos Aires. El secretariado, que encabezaba Héctor Quagliaro, resolvió que son autoridades legí­timas de la CGT las surgidas del Congreso Normalizador cuyo consejo directivo encabeza el compañero Raimundo Ongaro. Y agregaba que “esta posición equivale a repudiar todo lo que signifique actitudes de participación, colaboración o realismo con quienes son los ejecutores de una polí­tica antinacional y retrógrada”. Esta posición fue ratificada el 17 de abril por un plenario de veintisiete gremios encabezados por ATE, Unión Ferroviaria, Seguros, Fraternidad, Gráficos, a los que después se agregarí­an SMATA Y FOETRA.
El vandorismo desconoce ese plenario reúne veintiséis gremios, de los que algunos son simples sellos de goma. Sus voceros son Osvaldo Patalagoití­a del Vidrio, y el metalúrgico Galván.

Ellos dan pie a que el 6 de mayo, la Comisión Delegada de Azopardo “disuelva” la regional Rosario. Los fundamentos de esta medida merecen repetirse, porque demuestran el desprecio que tení­an por los trabajadores del interior los jerarcas del colaboracionismo. Veamos, por ejemplo, lo que sostuvo en el Confederal azopardista del 17 de mayo de 1968 el ladrón de gallinas y delator de la SIDE José Alonso: “Y yo comienzo por decir que las que están afiliadas a la CGT no son ni las regionales ni las filiales, son las entidades centrales.

Las regionales son solamente delegadas de lo que resuelva el Consejo Directivo. Las discrepancias que pueda haber en alguna filial, ya sea Córdoba o Rosario con su Federación, deben resolverse en el seno de sus federaciones. Y no lo digo porque dentro de los sesenta y tantas regionales haya tres que discrepen; es que no pueden discrepar”
Como las regionales “no podí­an discrepar”, Vandor y Alonso, después de disolver la regional, nombraron una comisión provisoria integrada precisamente por los gremios colaboracionistas y vandoristas del Vidrio, Metalúrgicos, Vestido, Gastronómicos, Construcción y Aguas Gaseosas.
La auténtica regional ignoró a estos usurpadores. El 10 de mayo de 1968, el secretariado separó al subdelegado Lossada, del Vidrio, y al prosecretario tesorero, del SUPE. Una semana después, la mesa coordinadora de las 62 organizaciones íšnicas expulsó de su seno a Osvaldo Patalagoití­a “por mantener en los últimos tiempos una conducta que dista mucho de ser peronista”. En esa resolución, se explicaba que el representante del Vidrio habí­a prometido apoyar al secretariado, pero que en el momento de hacerlo alegó que no podí­a sumarse a la CGT de los Argentinos porque tení­a “la amenaza cierta de Maximiano Castillo” de que le intervendrí­an la organización y lo expulsarí­an como afiliado.

Maximiano Castillo era entonces uno de los grandes cómplices de Vandor, a quien secundó en el tiroteo del “La Real” de Avellaneda. Hoy, es uno de los candidatos de Onganí­a a secretario de la CGT.

Repitiendo los argumentos de Alonso, la regional azopardista iba a quedarse quieta durante catorce meses, sin intervenir en ninguna de las luchas de los trabajadores rosarinos. Entretanto, el 1º de mayo de 1968 la verdadera regional enfrentó a la policí­a que repartió palos a mansalva y detuvo a doscientos trabajadores, entre ellos los dirigentes Quagliaro, Mario Aguirre y Luis Mansilla. A mediados de junio se repitió el enfrentamiento, en apoyo de los estudiantes, y el 23 aparecieron por primera vez las barricadas y las bombas molotov, que un año más tarde iluminarí­an las jornadas de mayo y setiembre.

En la huelga de Electroclor, la CGT de los Argentinos estuvo nuevamente sola, lo mismo que en la explosión de Villa Ocampo, que en abril de este año reanudó las luchas populares. (Quagliaro, estuvo junto a los compañeros en los lugares de los acontecimeintos)

Solamente cuando la gran agitación obrero-estudiantil de mayo cambió el clima de la ciudad, los azopardistas resolvieron plegarse. La dosis de oportunismo que habí­a en esa actitud se verí­a más tarde. El 17 de mayo la policí­a asesinó al estudiante Bello. La CGT de los Argentinos convocó entonces a un plenario al que invitó a los distintos sectores no adheridos. El plenario declaró una huelga general de 24 horas, y en plena euforia ante el ascenso de la marea popular concretó el 21 de mayo la unidad de las dos regionales.
No hay duda de que esa unidad se realizaba bajo el signo de lucha de la CGT de los Argentinos. La resolución conjunta reproducí­a párrafos enteros del Programa del 1º de Mayo, denunciaba al imperialismo norteamericano y proponí­a la liberación nacional como meta del movimiento obrero.

Mientras se realizaba este plenario, el 21 de mayo, era asesinado Luis Blanco, y el pueblo derrotaba a la policí­a en las calles.

La unidad, pues se estaba consiguiendo en la lucha, con las bases y con el programa, que eran las exigencias permanentes de la CGT de los Argentinos (…)”. (Periódico CGT, Nº 53, noviembre de 1969).

Esa fue la regional, que encabezo Quagliaro. La lucha continuo, con luchas antidictatoriales, de recuperación de derechos laborales perdidos, de sindicatos recuperados, con la represión asesinando a Santiago Pampillón, en Córdoba, Elsa Molina de Guerrero, en Tucumán, Cabral, en Corrientes, y Blanco y Bello en Rosario.

Vendrí­a después su destacada participación durante los Rosariazos y el Correntinazo.

Y en esos convulsionados años fue que el COLORADO QUAGLAIRO, no dudo en estar en la primera lí­nea de la defensa de los derechos de los asalariados, cuando muchos dirigentes gustaban como ahora, de los privilegios de estar junto al poder polí­tico y económico de turno.

Por eso y por lo hizo durante su vida, por las enseñanzas que dejo a quienes lo conocieron y para aquellos que hoy se acercan a su historia, es que volvemos a decir como el año pasado, que fue EL COMPAí‘ERO.

{{Leónidas Noni Ceruti Historiador
Integrante del Equipo de Formación ATE Rosario y CTA Rosario}}

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