Un olvidado procursor del 17 de octubre

Jueves, 18 de octubre de 2012.- Fernando José Del Corro presenta un trabajo de investigación, sobre un personaje involucrado intimamente con la historia de la Asociación Trabajadores del Estado, Libertario Ferrari. Del Corro, profesor de historia graduado en la facultad de Filosofí­a y Letras de la UBA y Docente en la Facultad de Ciencias Económicas además de Periodista, que actualmente trabaja en TELAM, hace un recorrido por la vida y la obra de este compañero que protagonizó a conciencia, intensos momentos de la historia de nuestro paí­s.Compartir Facebook




Hijo del militante anarquista Tomás Ferrari, habí­a heredado sus afanes de lucha por las reivindicaciones de los trabajadores y sus antipatí­as por los comunistas que, desde un comienzo, habí­an equivocado sus posturas respecto a la caracterización del sector liderado por el coronel Juan Domingo Perón, al punto de calificar al movimiento por él liderado como nazi-peronismo.

Libertario Ferrari, nacido en 1912, que ahora tendrí­a 90, (poco más que algunos supérstites de la época como Sebastián Borro y a Avelino Fernández fue la voz más clara que se alzó el 16 de octubre de 1945 en el congreso Central confederal de la CGT para impulsar el paro general.
Paro inicialmente previsto para el 18, dos dí­as después, pero que se desató el 17, bajo la acción de las masas empujadas por algunos sindicatos de la zona sur del Gran Buenos Aires, para reclamar por la libertad de Perón, preso en la isla de Martí­n Garcí­a.

Cuando se creó la Secretarí­a de Trabajo y Previsión, por obra de Perón, en 1943, Ferrari, a quién la vida le jugó una mala pasada y no pudo ser parte de una gestión a la que él habí­a contribuido, en buena medida, a conformar, trabajaba como un simple peón en la “Compañí­a primitiva de Gas”, el monopolio británico de abastecimiento de ese hidrocarburo en la ciudad de Buenos Aires, y militaba en la Agrupación de Obreros y Empleados del Gas.

En tanto, ex simpatizante de la Unión Cí­vica Radical (UCR) también habí­a desertado de la misma, a raí­z de las vinculaciones de esta con la oligarquí­a gobernante, y se habí­a sumado al grupo denominado “Forja” (Fuerza de orientación Radical de la Joven Argentina) que lideraba Arturo Jauretche.
El grupo contaba con intelectuales como Raúl Scalabrini Ortiz, Luis Dellepiane y Gabriel Mazo, cuyas ideas constituyeron un aporte sustancial para la conformación del pensamiento del primer peronismo.

Forja llegó a tener, durante la gestión peronista de 1946 a 1955, al propio Jauretche al frente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, a Hipólito Paz como canciller, a Héctor Maya como gobernador de Entre Rí­os y a Juan Alvarado como gobernador de San Juan, entre otros cargos.

Su estrecha vinculación personal con Jauretche fue un elemento decisivo para que en ese Confederal cegetista se obtuviera un voto favorable a la huelga, que habí­a sido dispuesta dí­as atrás por la comisión Administradora de Lucha de la central obrera por un apretado 16 a 11, y en cuya decisión la Asociación de Obreros y Empleados del Estado, la actual ATE, se expresó
dividida.

Libertario Ferrari no solo sufragó a favor de la medida de fuerza sino que fue el que planteó su ratificación cuando se habí­an alzado algunas voces “moderadoras”. Principalmente se habí­a expresado en ese sentido el ferroviario Telmo Luna, vocero de “La Fraternidad”, quien propuso que, en lugar del paro general, la CGT solicitara una audiencia al entonces presidente, el general Edelmiro J.

Farrell, para llegar a un acuerdo destinado a lograr la libertad de Perón.
“Tenemos que aprovechar este momento excepcional, favorable para nosotros, pues si no habremos perdido la lucha por muchos años. No olvidemos que la oligarquí­a está unida al comunismo y los comunistas no necesitarán mucho tiempo para quitarnos la dirección del movimiento obrero y entonces estará todo perdido”, replicó a Luna el forjista Ferrari.
El debate se prolongó durante horas y cuando concluyó, alrededor de la una del 17 de octubre, con el voto por la medida de fuerza, esta última ya habí­a comenzado y los trabajadores de los frigorí­ficos y otras empresas del Gran Buenos Aires, y La Plata comenzaban a cruzar los puentes y a ingresar a esta ciudad.

Scalabrini Ortiz relató los hechos de esta manera: “El sol cala a pleno sobre la Plaza de Mayo cuando, inesperadamente, enormes columnas de obreros comenzaban a llegar”.

¿Cómo fue posible que Libertario Ferrari haya sido el principal portavoz de la postura más radicalizada de ATE de oponerse al paro?

Es que la noche anterior del congreso Libertario Ferrari habí­a estado reunido con Jauretche y este, que además, tení­a una gran relación con Perón, le habí­a recomendado que no hiciera caso al mandato y que apoyara la medida de fuerza, cosa que aquel convino hacer e hizo.

Así­ que, Alberto Belloni, el hijo del Confederal de marras: “El alma del debate que decidirí­a la resolución final fue el representante de la Asociación Trabajadores del Estado, Libertario Ferrari, que implacable y tenaz se mantuvo defendiendo la huelga general, dividiendo a su propia delegación que tení­a instrucciones en contra”.

Si bien en lo esencial el acto revolucionario del 17 fue llevado adelante por los obreros del Gran Buenos Aires, fue importante al trasladar sus efectos a la urbe porteña donde los trabajadores también paralizaron sus tareas y se sumaron a la marea humana que reclamaba por liberación de Perón y su vuelta al gobierno.

Pasado este hecho y convertido en una figura de primer nivel y gran prestigio popular, en las elecciones de 1946 que llevaron a Perón a su primera presidencia, a Libertario Ferrari le ofrecieron postularse como candidato a diputado nacional por el Partido Laborista que dirigí­a el obrero de la carne Cipriano Reyes. Sin embargo rechazó el ofrecimiento por considerar que su puesto en la lucha se encontraba en el “Campo obrero”.
Fue así­ que en abril de 1946 integró la delegación de la CGT que concurrió a México a la “III Conferencia Interamericana del Trabajo”, en calidad de asesor técnico y que, como lo destaca Fermí­n Chávez, tuvo un importante rol en todos los debates, ya que fue la voz más impactante de la delegación argentina.

Además de Libertario Ferrari, integraron la delegación el ferroviario Malvicini, a la sazón presidente del grupo, el también estatal Aniseto Alpuy; el municipal Juan B. Ugazio; y Cecilio Conditi, un estatal que décadas más tarde, durante el gobierno de Marí­a Estela Martí­nez fue Ministro de Trabajo y Previsión; entre otros.

La cuestión es que al llegar a México a Libertario lo esperaba su padre, Tomás Ferrari, y Simón Radowitzky (aquel joven anarquista ruso que en 1909 ajusticiara al jefe de la policí­a Ramón L. Falcón, en represalia por las muertes de obreros de las que dicho comisario represor era el responsable), que se habí­an radicado en ese paí­s en 1939, luego de haber luchado ambos en las fuerzas republicanas.

Ambos viejos anarquistas informaron a los sindicalistas argentinos que en el encuentro, que iba a presidir el mexicano Vicente Lombardo Tolerano, Secretario General del Partido Socialista Popular (PSP) de ese paí­s y cabeza de la Confederación de Paí­ses Latinoamericanos, este y el estadounidense George Meany, de la Federación Americana del Trabajo, tení­an la decisión de impugnarlos atendiendo aquella absurda interpretación de la época sobre el carácter “fascista” del peronismo.

El 4 de abril Lombardo Toledano planteo la exclusión de Ferrari y Malvicini del congreso, ante lo cual, al dí­a siguiente, Ferrari respondió defendiendo “la revolución operada en la Argentina” y denunció las falacias de las argumentaciones de sus objetores.

Pero, de todas maneras, en una sesión secreta, mientras Libertario Ferrari acusaba a los mismos de “ladrones”, estos decidieron retirar el derecho a voto a la delegación de la CGT.

Un año después Libertario Ferrari fue nominado para representar a la misma CGT ante el congreso anual de la Organización internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra. Pero no pudo llegar. El avión que transportaba a la delegación argentina, en algún momento incierto de la noche del 10 al 11 de junio de 1947, se precipitó a tierra y se estrelló en Natal, Brasil, donde murieron todos sus ocupantes.

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Extraido de la publicación “Revistas Peronistas”, escrita por Fernando José Del Corro} }}

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