Rosario, viernes 28 de setiembre de 2012.- El despido injustificado de una trabajadora militante en el Comedor Betania, que tiene como referente al Padre Edgardo Montaldo, pero que gestiona la comunidad Salesiana, motorizó a una gran cantidad de organizaciones sociales, gremiales y políticas, que se nuclearon para exigir que no se interrumpa el trabajo social que allí se realiza y que se restituya a María Suárez en sus funciones. En una audiencia con la Comisión de Derechos Humanos del Concejo Municipal y con funcionarios de la Municipalidad de Rosario, se llevaron adelante expresiones de solidaridad y la exigencia de que la Iglesia Católica rectifique las decisiones tomadas.Compartir Facebook
Carta del Padre Edgardo Montaldo a su superior en la congregación Salesiana
Padre Manolo:
En mis 44 años en Ludueña con los preferenciales de Don Bosco tuve “DOS INSPECTORES” con los que me sentí menos excluidos y más cómodos, Tessarolo en los comienzos y vos Manolo en la actualidad.
Me quedaron algunas preguntas luego de la reunión que tuvimos por la situación laboral de Mari. Me dijiste que tenías que consultar con la comunidad local de la cual dependemos. Con esta “comunidad salesiana” nos sentimos muy “encontrados” algunas veces y muy “distanciados” otras tantas. Bien que lo hagas porque es la reglamentación institucional. Pero a mí me caben algunas preguntas:
… y los LAICOS a quienes se los llama a asumir responsabilidades en nuestras obras en lugar de los consagrados? No son parte de esta “comunidad local”? En nuestro caso SON, ADEMíS, LOS FUNDADORES Y CONSTRUCTORES de este proyecto que es la Vicaría Sagrado Corazón. Ellos, quienes han consagrado sus vidas y su salud… frente a una “utopía” de qué es posible el “MILAGRO” con el protagonismo de los excluidos, no van a ser consultados?
Qué queremos? Dar la imagen de una GRAN EMPRESA que “usa” esclavos o robots?
Ya experimenté en carne propia los efectos del “monopolio del PODER” que corre por vía excluyente y acordada, y obstaculiza cualquier actividad que no tenga origen en ese poder monopolizador. Acepta como “natural” la violencia institucional, la descalificación e invisibilización de años de trabajo. MALTRATA a trabajadoras-res y sólo aparece y “pretende sumarse” frente a la PROVIDENCIA y sus respuestas generosas.
GRACIAS MANOLO por escucharme. SON VIVENCIAS que sigo experimentando constantemente y necesito compartir!!…
Edgardo, que todavía tiene el sello de “sacerdote salesiano”… y la necesidad de búsqueda incesante de responder al carisma fundacional.
——
Para los que conocen el Comedor Betania del barrio Ludueña, está situado a unos cincuenta metros de la Escuela Nro 1027, “Luisa Mora de Olguín”. Escuela que pertenece a la Iglesia Católica (Vicaría del Sagrado Corazón de la comunidad Salesiana) y comedor que es subsidiado por el Estado Provincial. Un terreno que consiguió el Padre Edgardo Montaldo a través de años de labor social en el barrio y que junto con militantes sociales “de los más viejos”, entre los que se encuentra Pocho Lepratti, fue acondicionado para realizar actividades de comedor, jardín maternal y para diversos emprendimientos entre los que están Talleres de género y violencia.
Marí Suárez, es Pedagoga Social, integra el Grupo Desde el Pie, que, junto a otros, realizan un “trabajo increíblemente artesanal”, de hormiga, que abarca una problemática difícil y muy sensible: la situación de mujeres y niños con derechos vulnerados. Esto conlleva trabajar con grupos vinculándolos en red con efectores y políticas (encarnadas en diferentes funcionarios y trabajadores estatales) de salud municipales y provinciales, realizar Talleres de diferentes tipos, ocupacionales y de arte entre otros, Trabajos en red con Campañas de Sensibilización, Grupos de ayuda mutua o atención individual para mujeres, niños y hombres que padecen la ausencia de un sinfín de cosas, “hay que articular mucho con todos los espacios para realmente tratar de generar dispositivos que más o menos puedan contener o dar respuestas”
Se puede decir que Marí ha realizado con voluntad y esfuerzo una labor a conciencia que durante años trabajó sin salario, y después muchos años más trabajó en negro. Hasta que obtuvo, ganándolo, no hace mucho tiempo, el reconocimiento como trabajadora. Pero es una trabajadora que genera conciencias, es de las que saben diferenciar solidaridad de caridad cristiana, de las que libera y no subyuga, “Todos estos avances que tenemos hoy se dan por las conquistas que peleamos años, hay que hacerlo valer, las leyes por ejemplo, cuando hay mejores leyes, bueno, lo que hay que lograr es que se cumplan”. El comedor es el producto de derechos conquistados.
Marí enfermó, y hace unos meses obtuvo una licencia médica por su salud, otorgada por una junta médica laboral. Al tiempo su patronal, la comunidad Salesiana, desconociendo esto, y “desde un lugar hasta de crueldad” le envió una carta diciendo que ya no pertenecía más al trabajo (como si eso fuera posible) del cual ella viene formando parte desde hace casi tres décadas. Su patronal, la vicaría del Sagrado Corazón de la comunidad Salesiana de la Iglesia Católica, prefirió afrontar un despido injustificado (porque es así como se presenta, sin justificación) a sostener el trabajo que militantes como Mari, el Pocho, o el propio Padre Edgardo Montaldo realizaron y realizan en el barrio Ludueña.
Para Edgardo Montaldo es una cuestión fundamental, “Yo creo que aquí se trata de un estilo con los que se han formado en estos años los integrantes de la vicaría Sagrado Corazón, es un estilo que no siempre coincidió con la mentalidad de la institución Salesiana o de la Iglesia…
“Y por otro lado, visto de otra manera, se trata de un monopolio de poder, que no acepta aquellas cosas que no pasan por la aprobación, ya sea de los salesianos como de otra gente que ha trabajado ahí, estos tipos de trabajo no han pasado por la aprobación de esos lugares de poder, sea de la institución Iglesia como de la escuela. Y se sacrifican entonces a los trabajadores.
“Me pregunto siempre cómo seguimos con todo esto. No hay que aflojar. Y que sepan quienes se oponen a esto o quieren dejar en el camino a Mari después de tantos años de trabajo, que vean que esto no muere, que sigue en pie, que nos apoya tanta gente, todos los días se descubre más gente. Personas que van directamente a pedir explicaciones por Mari, por eso la constancia y el respeto. Y sobre todo lo que me interesa a mí son los destinatarios, que necesitaban y necesitan ese apoyo.”
Mari afirma que “hay que pelear contra la naturalización de la vulneración permanente de derechos, no resignarnos a que las cosas estén como están, y que bueno, hay gente que nace con estrella y hay gente que nace estrellada y parecería una cuestión de destino, eso es terrible. Creo que nosotros estamos trabajando y peleando desde hace muchos años por no naturalizar estas situaciones, no perder la capacidad de asombro e indignación por cómo viven tantas personas y por la situación que padecen tantas personas. No aceptamos como algo que no tiene retorno las diferentes situaciones de abuso…
“En ese sentido siento que es mi deber salir a pelear contra este despido arbitrario, porque tiene que ver con una cuestión de tratar de ser coherente: es lo que durante años hemos trabajado con las otras mujeres y con los otros espacios lo que está en juego. Cuando me tocan a mí, realmente están tocando todo un trabajo de años de muchas personas. Por ahí yo diría me voy a mi casa a tomar mate y se las gano por lo legal, pero va más allá de una persona, esto es por un trabajo de mucho tiempo y hay muchos que han quedado en el camino y se trata de que avancemos en nuestros derechos.”
María Suarez trabajó durante 28 años en ese territorio que se llama Ludueña y que está formado por unas cincuenta manzanas que lentamente fueron poblando hijos de trabajadores empobrecidos, inmigrantes de otros países allá en los comienzos de la Rosario ciudad, y comunidades originarias y trabajadores desocupados venidos de otras provincias después. Ludueña de zanjas en la puerta de las casas, de vías del tren, de mosquitos en el verano y de pibes jugando en la vereda, un lugar donde definitivamente, nadie se puede sentir sólo. Territorio que se extendió sobre sus calles de tierra que ahora son avenidas y que con exactitud abarca una gran parte del noroeste, pero mirándolo bien, queda justo en el corazón de la ciudad.
Desde allí, arraigada y poblada por todos los esfuerzos contenidos, Montaldo, como Mari, agradecen, porque todos los que hoy están y los que estuvieron la han hecho sentir que es parte, “que soy una hormiguita de ese enorme hormiguero que es Ludueña… siento que soy parte, junto a montón de compañeros de un momento de transformación de la sociedad, en la medida que no aceptemos como natural la injusticia y no nos acostumbremos a las arbitrariedades”.
Equipo de Comunicación ATE CTA Rosario