ATE Rosario homenajeó a Evita

Jueves 26 de julio de 2012.- En este dí­a tan especial los trabajadores de ATE recordaron a Evita e instalaron una placa recuperada que encontró su lugar en la pared del edificio al lado de la placa del recordado dirigente de ATE y construcciones portuarias, Alberto Belloni. Hace 59 años en ATE Borghi los trabajadores inauguraban esta placa de puro bronce y corazón peronista al cumplirse un año de la muerte de Marí­a Eva Duarte, Evita. Compartir Facebook




El acto dió comienzo con las palabras del Secretario General, Gustavo Martinez, siguiendo el homenaje con una cronologí­a de la vida de Evita, acompañando el recuerdo en vida de ella los históricos dirigentes Vicente Militello, Miguel Peyrano; y las compañeras Marí­a Bolzan Martí­nez y Chiche de Dimarco. El acto contó, además, con la grata presencia del compañero Eduardo Zanella, abogado de la CGT de los Argentinos quien recordó momentos, lugares y personas que pasaron por este gremio centralizada en una lucha de resistencia siempre con el objetivo puesto en el cambio social por un mundo más justo para las grandes mayorí­as.

En un marco de emoción el Secretario General de ATE Rosario, Gustavo Martí­nez, recordó a Evita como “la militante que sobrepasó los lí­mites del paí­s encumbrandose en una de las figuras más importantes de latinoamérica y el mundo. Su relación con los trabajadores y especialmente en los derechos de las mujeres, gestora de la posibilidad que el voto femenino sea causa universal de las causas nacionales y que su figura ilustra indudablemente el desafí­o de seguir peleando por las cosas que pasan en este presente tan complejo, para que la Argentina tenga como ella soñaba pleno derecho para todo el pueblo. Pleno empleo, no más trabajo en negro y salarios dignos para todos y todas los trabajadores y las trabajadores de nuestro paí­s”.

{{Evita sabí­a que los pobres tení­an que luchar por sus derechos }}

El 7 de mayo de 1919, en el campo la Unión, frente a los toldos de Coliqueo, cerca de Juní­n, provincia de Buenos Aires, nació Evita, hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren. Allí­ pasó toda su infancia hasta la muerte de su padre, a quien no pudo acompañar en su deceso porque la familia “legí­tima” le prohibió la entrada al velorio. Los caminos de su vida no estaban asfaltados para coronar estancias de terratenientes.

{{A 60 años de su muerte sus ideales siguen vigentes: La razón de mi vida }}

Hemos elegido del libro Memorias del Fuego de Eduardo Galeano uno de los tantos cobijadores de la Eva de los humildes. Como dice él cuándo la describe como “el Hada rubia que abrazaba al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia”.

Porque los mí­seros, dice Galeano, recibí­an estas caridades desde al lado no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón.

Ahora no podemos en este sincero y grato homenaje que los trabajadores prodigamos este dí­a dejar de nombrar el pensamiento propio de Evita visto por ella misma. Algunas de sus razones, más bien muchas de sus razones encontradas en las razones de su vida.

La razón de mi vida es un libro editado inicialmente el 15 de septiembre de 1951 por Ediciones Peuser, con una tirada de 300.000 ejemplares, y fue reeditado en numerosas ocasiones en los años posteriores. El libro fue firmado por Eva Perón en los tiempos en que ya estaba avanzada su enfermedad. No es una cronologí­a de su vida sino un manifiesto de sus sentimientos, de sus sentimientos peronistas.

A menudo no describe las propias opiniones de Eva Perón, sino las de Juan Domingo Perón con las cuales Evita manifiesta coincidir por completo Dividido en tres partes y emparentadas una con otra, ” Las causas de mi visión”,” Los obreros y mi visión” y “Las Mujeres y mi visión” , es el brote de su propia vida el entrañable amor a Perón .

De todos elegimos este fragmento que se cruza con la historia de las causas humildes, y que se relaciona indudablemente con la historia de los trabajadores…

{{“Hasta los once años creí­ que habí­a pobres como habí­a pasto y que habí­a ricos como habí­a árboles.
Un dí­a oí­ por primera vez de labios de un hombre de trabajo que habí­a pobres porque los ricos eran demasiados ricos; y aquella revelación me produjo una impresión muy fuerte.

Relacioné aquella opinión con todas las cosas que habí­a pensado sobre el tema… y casi de golpe me di cuenta que aquel hombre tení­a razón. Más que creerlo por un razonamiento, “sentí­”, que era verdad.

Este último paso del descubrimiento de la vida y del problema social lo da indudablemente mucha gente.

La mayorí­a de los hombres y mujeres saben que hay pobres porque hay ricos pero lo aprende insensiblemente y tal vez por eso les parece natural y lógico. Yo reconozco que lo supe casi de golpe y que lo supe sufriendo y declaro que nunca me pareció ni lógico ni natural.

Sentí­, ya entonces, en lo í­ntimo de mi corazón algo que ahora reconozco como sentimiento de indignación. No comprendí­a que habiendo pobres hubiese ricos y que el afán de éstos por la riqueza fuese la causa de la pobreza de tanta gente”.

Este homenaje no es para compensar su lucha es para tenerla presente en el horizonte de nuestras practicas polí­ticas, es para no olvidar su fuego sagrado.}}

“He hallado en mi corazón, un sentimiento fundamental que domina desde allí­, en forma total, mi espí­ritu y mi vida: ese sentimiento es mi indignación frente a la injusticia. Desde que yo me acuerdo cada injusticia me hace doler el alma como si me clavase algo en ella. De cada edad guardo el recuerdo de alguna injusticia que me sublevó desgarrándome í­ntimamente”.

{{Memoria de su fuego sagrado}}

Por eso y para finalizar y volviendo a las Memorias del Fuego de don Eduardo vale el final de ese párrafo maravilloso que encierra su destino junto al pueblo que desde los valores más humanos comprendiera en este corta pero intensa vida. Por el llanto se hace más comprensible dí­a tras dí­a, noche tras noche con antorchas de caravanas de dos semana de largo.

Claro, Galeano nos vuelve a decir, “como no iban a suspirar los usureros, los mercaderes y los señores de la tierra…

Eva no fue perfecta pero fue incesante en la búsqueda por la justicia.

Su obra benéfica no estuvo y ni estará asociada a la coqueterí­a selecta.

Sus treinta y tres dijeron basta un 26 de julio de 1952. La voz de un locutor anunció por la cadena nacional de radio: “A las 20.25 Eva Perón entró en la inmortalidad”. Dejando el recuerdo de su primera obra de teatro en memoria de los algodoneros chaqueños. El oro blanco de los explotados. Los diarios hablaron. Las calles mojadas lloraron su partida. Las masas en las calles desafiaron viento y lluvia. Sus descamisados, sus niños y sus viejos, sus trabajadores no la abandonaron nunca.

{{Equipo de Comunicación ATE Rosario}}

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