La economía mundial hasta el 74, permitía al país vender caro y compraran relativamente barato. Pero la depresión mundial revirtió todo el proceso. {{El plan de Rodrigo }}
La economía mundial hasta el 74, permitía al país vender caro y compraran relativamente barato. Pero la depresión mundial revirtió todo el proceso.
La caída del Ministro de Economía, Gelbard, en octubre del 74 fue la expresión a nivel del gobierno nacional del fin de las posibilidades del plan distribucionista iniciado con el Pacto Social del 73. La firma del Acta de Compromiso Nacional en febrero del 75 fue su certificado de defunción, ya que las “partes” que inicialmente pactaron voluntariamente la distribución, dejaron de poder concertar y el Estado impuso en ese mes a las “partes” un aumento del 15%, que para “unos” era demasiado poco y para “otros” era excesivo.
En los primeros meses de 1975, el deterioro del salario y la trepada de los precios, movilizó al movimiento obrero. Las comisiones paritarias, debían reunirse a principio de ese año, congeladas desde 1973. La convocatoria del gobierno no estipulaba topes en la discusión salarial. En marzo tras la presión sindical se concedió un aumento de emergencia de 400 pesos mensuales y se devaluó el peso en un 50%.
En mayo la CGT arreglo con el gobierno un aumento masivo y uniforme del 38%. El ministro Gómez Morales manifestó su desacuerdo y renunció antes de que se firmaran los acuerdos de las paritarias.
El 2 de junio asumió Celestino Rodrigo, con un plan que constaba de la aplicación de una política de “shock” para desacelerar la inflación y favorecer la inversión mediante el aumento de la rentabilidad. Se trataba de lograr una contracción del salario real y un aumento tanto de las tarifas de servicios públicos como de los combustibles. La devaluación implementada favorecía a los exportadores de cereales, a los ganaderos y tendía a la concentración del gran capital industrial. La mejora para los productos cárneos subió al 60% y el tipo de cambio neto para los cereales implicó una mejora que fue del 184 al 239%. Vía devaluación y reembolsos se favorecía las exportaciones industriales dominadas por las multinacionales.
Tras los primeros aumentos de precios, se ofertó un incremento salarial del 45%, que no tuvo eco.
El 14 de junio se reanudaron las paritarias. En Rosario, los afiliados de distintos gremios se concentraron en la plaza 25 de Mayo para reclamar por las paritarias de sus gremios, se sucedieron paros de los trabajadores de los transportes de colectivos, que fueron apoyados por los conductores de los trolebuses, se sumaron los docentes y bancarios. En el cordón industrial protestaron los ceramistas, químicos y los petroquímicos de PASA dieron a conocer un comunicado expresando que rechazaban el aumento del 45% ofrecido por la empresa y que la cifra no cubría las aspiraciones mínimas de los trabajadores, destacando la masiva concentración ante el Ministerio de Trabajo, para lograr el aumento del 150% y otras aspiraciones.
Los aumentos logrados en la zona industrial oscilaron desde el 60 u 80% hasta el 200%, pero estos debían ser ratificados por el gobierno nacional. De homologarse lo surgido de las paritarias, se daría por tierra con el Plan Rodrigo.
{{Trabajadores rosarinos en las calles }}
El viernes 27 de junio, a nivel nacional la CGT y las 62 Organizaciones llamaron a un paro y concentración en Plaza de Mayo, para obtener definiciones del gobierno sobre las paritarias. Al día siguiente, la presidenta Isabel Perón contesto: anulación de las paritarias, otorgando un aumento general del 50% y un 15% más en octubre y enero de 1976. A partir de esos anuncios las protestas se intensificaron y la bronca creció entre los obreros.
En Rosario pararon y se movilizaron los trabajadores quienes a pesar de las advertencias policiales continuaron con los reclamos y se produjeron choques callejeros. Por su parte, los empleados de comercio declararon una huelga en rechazo al convenio firmado por la dirección nacional del sindicato, y realizaron una marcha hacía la sede de la Asociación Empleados de Comercio En las cercanías del local de la CGT la policía reprimió una manifestación de varios gremios.
En toda la zona industrial del Gran Rosario el estado deliberativo entre los activistas, miembros de comisiones internas y las conducciones sindicales se fue dando con reuniones sobre las medidas a tomar. En Puerto San Martín, en la planta de la petroquímica PASA, se convocó una asamblea de fábrica. “Los discursos fueron encendidos y cortos. Impactantes, muy aclamados”, relato un operario. Se propusieron medidas impactantes, de acuerdo con el momento que se vivía: “Tenemos que movilizarnos conjuntamente a los otros obreros de la zona”, clamo un orador, y a renglón seguido propuso “Marchemos hacia Rosario, tratando de levantar las otras fabricas”. La consigna fue “Acabar con la medida decretada, respetar los acuerdos firmados en paritarias”. La marcha fue tomando contacto con cada una de las fábricas de la zona industrial. Desde los aceiteros de San Lorenzo hasta los textiles en Arroyito, se fueron sumando a la caravana.
Ya en la ciudad se encontraron con los metalúrgicos en una columna que superaba las 8000 personas, que luego de recorrer las calles céntricas se dirigieron al local de la CGT, pidiendo a los dirigentes que salieran al balcón, y que asumieran la acción que los trabajadores manifestaban en la calle de repudio a las medidas del gobierno nacional. El Secretario General a cargo de la central obrera, Hugo Ortolan, desde los balcones del primer piso se dirigió a los trabajadores exhortándolos a mantener la calma y reiterando la postura de la CGT Rosario de “acatamiento a todo lo que disponga la CGT nacional”. La mayoría de los manifestantes, que exigían una posición más drástica por parte de la dirigencia cegetista respondieron con silbidos e insultos, retornando hacia la zona bancaria solicitando la adhesión de los trabajadores bancarios, mientras se sumaban a la protesta los docentes.
Al día siguiente, se realizo otra manifestación de los metalúrgicos, a la que se unió la columna más numerosa proveniente del cinturón industrial de la zona norte, abarcando más de siete cuadras, que luego de pasar por el local de la UOM, se agruparon nuevamente frente el edificio de la CGT, donde se procedió a forzar la puerta y copar el local, arribando posteriormente la conducción de la CGT, produciéndose una discusión acalorada, y varios sindicalistas estuvieron a punto de ser arrojados desde los balcones del local. Los manifestantes continuaron con sus reclamos por las calles céntricas cantando: ¡Catorce dos cincuenta o paro nacional!, ¡Aplaudan, aplaudan no dejen de aplaudir que el Brujo se tiene que ir!, ¡Isabel, Isabel/ cuánto gana un obrero/cuánto gana un coronel!.
En todos los centros industriales del país, se realizaron grandes manifestaciones, masivas asambleas en puertas de fábricas, concentraciones en las principales plazas de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, La Plata, Santa Fe.
Ante la magnitud de las movilizaciones, la CGT nacional adoptó la determinación de realizar un paro por 48 hs, a partir de la hora cero del día 7 de julio.
La paralización del país fue total. El gobierno y la CGT negociaron durante todo el primer día de huelga, y cuando se estaba cumpliendo el segundo día del cese de actividades, el gobierno cedió: los acuerdos logrados en paritarias fueron homologados.
{{Coordinadora de gremios en lucha de Rosario}}
En esas jornadas surgieron en los centros industriales las llamadas “Coordinadoras”, que se caracterizaron por un amplio ejercicio de la democracia directa.
En Rosario y las zonas industriales circundantes sé conformo la “Coordinadora de Gremios en Lucha”. La integraron entre otros los petroquímicos del SOEPU junto al Frente Gremial Docente, obreros de John Deere, Hanomag, Construcción, Judiciales, Municipales, Bancarios, Mercantiles, Metalúrgicos, Sanidad, Duperial, Ceramista, Vilver (V. Constitución y Rosario), Sulfacid, etc.
Constituyeron una Mesa Provisoria bajo el lema {{“Si los patrones coordinan para explotar, los trabajadores coordinamos para erradicar la explotación.”
Y expresaron en un comunicado “Las gloriosas jornadas de junio-julio muestran lo poderoso que somos cuando nos decidimos a luchar por nuestros intereses. La producción del país, en esos días, bajó considerablemente y cuando al gobierno se le ocurrió sacarnos lo que habíamos conseguido en la lucha, salimos a la calle y como un solo hombre expresamos nuestra bronca contra nuestros circunstanciales enemigos López Rega- Rodrigo. Patrones, burócratas, milicos y gobierno temblaron, marcha y contramarcha, comunicados, reuniones, trataron de parar esta incontenible demostración de fuerza y combatividad. No lo consiguieron. Triunfo parcial de la clase obrera. Fue parcial porque el enemigo está asustado, pero en pie. Ya están reacomodándose: licencia presidencial, cambio de ministros, arreglo entre partidos, discursos, palabras y más palabras. Con un solo objetivo: Que la Crisis la Paguen los Obreros”.
“Fuertemente unidos, junto al resto de la clase obrera, discutiendo y decidiendo en asambleas democráticas, sin delegar en otros lo que nosotros mismos debemos resolver, nos fortaleceremos cada vez más para responderle a la patronal ante cada atropello y a las bandas armadas ante cada amenaza. Los petroquímicos hemos demostrado de lo que somos capaces de hacer: recordemos la presencia masiva en el Ministerio de Trabajo, la recorrida de las fábricas, las manifestaciones en Rosario. Por ese camino iremos marchando, hasta derrotar a nuestro enemigo, haciendo pagar la crisis a los verdaderos culpables: Los Patrones”.}}
Las Coordinadoras fueron perseguidas, desde los dirigentes sindicales, las comisiones internas, como los militantes obreros, hasta los abogados laboralistas, con cárcel, desapariciones, asesinatos, torturas e intervenciones a varios sindicatos.
{{A modo de balance }}
Las luchas contra el plan de Rodrigo-Isabelita y por la homologación de los aumentos salariales obtenidos en las paritarias, fue un gran triunfo de la clase obrera, producto de una de las grandes movilizaciones obreras de las décadas del 60 y 70, que dejaron a la burocracia sindical sin sustentación, viéndose obligada a llamar dos veces al paro general.
Fueron quince días donde el país estuvo prácticamente paralizado, con masivas y permanentes marchas obreras en todo el territorio nacional. Las concentraciones en Plaza de Mayo y en las principales plazas del país, a pesar de la burocracia, adquirieron un claro contenido político exigiendo y logrando la anulación del decretazo de Isabelita y la renuncia de sus ministros Rodrigo y López Rega.
Las movilizaciones, la organización que se dio en esas jornadas, el estado deliberativo, la rebelión de las bases y la bronca de toda la clase obrera hicieron fracasar el “Plan Rodrigo”, y fue la base para que la burocracia sindical negociara, para posteriormente sostener al debilitado gobierno nacional, logrando parar la movilización.
Durante esos días de junio y julio de 1975 se vivió un clima de agitación, de enfrentamiento a la política gubernamental, y se fue dando un espacio que dio origen al surgimiento de esas formas organizativas, que se sustentaron en la solidaridad, los principios de la democracia de base y en defensa de sus intereses.
A los meses llegaría el golpe del 24 de marzo de 1976, que fue contra la clase obrera y sus organizaciones
Leonidas F. Ceruti Historiador