Rosario empezó su viaje a Jujuy

De Gennaro, “no estuvo” en Rosario, la recorrió, al menos parte de la ciudad. Hablando, sí­, pero mucho más aún escuchando. Después de la “maratón” mediática matutina, fundamentalmente con medios “alternativos” o “sociales” (como le gusta definirlo al secretario de comunicación de la Central, “Pipón” Giulianni), Ví­ctor De Gennaro viajó hasta el noroeste rosarino, al barrio Ludueña, en donde se encontró con los compañeros del “Bodegón Cultural Pocho Lepratti”.

í‰se lugar, como todos, o casi todos, tiene su historia. La historia es simple y a la vez tremenda. Es parte de la historia de nuestro paí­s, es parte de la historia de la resistencia de un pueblo, es parte de la historia de cómo se reprime a ese pueblo, de cómo se lo mata, y de cómo de esa represión, de ese asesinato, renace, nace, se hace luz, vuelve la vida, se multiplica….transformada en hormigas, en cientos de hormigas, en miles, quizás, alguna vez, millones de hormigas.

{{En Ludueña}}

Ese lugar maravilloso (alguien puede definirlo simplemente como un lugar precario) era la morada de Claudio “Pocho” Lepratti. Allí­ durmió por última vez, allí­ soñó por última vez antes de que un puñado de perdigones de plomo cargados por un hijo de puta y disparado por otro hijo de puta, bajo la orden de otro hijo de puta, decidiera en diciembre de 2001, en barrio Las Flores, en Rosario, que habí­a que terminar con esto de “un mundo diferente, un mundo donde quepan todos los mundos”.

Los perdigones que primero cegaron, luego se transformaron. Pibes y más pibes, libros, capacitación, un lugar para hacer las tareas, para jugar, para comer un guiso, algo tan difí­cil de entender en los sectores medios y tan obvio en los barrios. Murgas, “rocanrol”, carnaval….algo que nace todo el tiempo y que se repite en Villa Banana, en el asentamiento toba, en el sur y en el norte.

Ví­ctor llegó a Ludueña y escuchó, miró, y fue interrogado: “¿¿Qué te parece Ví­ctor lo que hacemos acá??”. De Gennaro no es necesariamente condescendiente, pero habló de “héroes”, y cuando lo hací­a no hablaba de la experiencia de Ludueña, ésta es una más de la militancia brava que De Gennaro ve en los más jóvenes, los que ha definido como “hijos del 2001”. Menos obedientes y más movilizados que los jóvenes de los 90. ¿Algún paralelo con las hormigas que de Ludueña se disparan hacia toda la Argentina?. La heroicidad que conlleva militar en la posmodernidad. Querer cambiar algo cuando a simple vista se observa “apatí­a”, cuando no hay tiempo, cuando no hay traspaso de experiencia de una generación a otra, cuando parece imposible, aunque miles de ejemplos en todo el paí­s demuestren lo contrario. “En los 70 el que no militaba era un tonto, además todaví­a habí­a tiempo, se escuchaba a los mayores, a los que habí­an vivido la experiencia de la resistencia peronista, por ejemplo. Hoy ese espacio no existe, la militancia es una elección. Hoy se sobrevive, y es difí­cil elegir dejar de sobrevivir para elegir vivir”.

{{Decidir vivir}}

Esta es la cuestión. Sobrevivir está bien, y es valioso, es necesario, absolutamente necesario, pero el desafí­o es vivir, empezar a vivir. ¿Será eso la Constituyente? Puede ser eso, y puede ser más que eso, o menos, porque la Constituyente la va a hacer la gente, no es un paquete cerrado con las soluciones para todos, de hecho la Central se propuso cien preguntas. El tema es interrogarnos, ¿se puede cambiar?.

De Ludueña al Centro, a un espacio cultural recuperado por la militancia rosarina, a La Toma.

{{En La Toma, hacia la Constituyente}}

“Si miles, si cientos de miles, si millones podemos acordar en que este sistema es perverso y no sirve, que estamos a favor de Evo y del proceso de transformación en Bolivia por ejemplo, si cientos de miles podemos estar de acuerdo en que no queremos que nos roben nuestros recursos naturales, en el no al ALCA, { {{¿Porqué no somos capaces de unirnos por un proyecto común?”}} } se pregunta De Gennaro. Por ahí­ va La Constituyente, cuyo primer gran paso se dará en San Salvador de Jujuy el 24 y 25 de octubre. Parece que el tema es “ganar una” como dice Ví­ctor, y pone como ejemplo un tema que subleva. Es demasiado sabido, pero debe seguir sublevando. En la Argentina hay pibes que no comen, o comen mal. ¿Cómo el campo popular no podrí­a acordar presionar para lograr una asignación universal para todos los pibes del paí­s, para que no haya “Ni un pibe con hambre”?. Y ya no hay tiempo, como dicen los compañeros aymará, “Ahora es cuando”, y ahora es cuando, repite De Gennaro, y el eslogan, que obliga a pensar, ¿Será Jujuy el punto de partida, algo que dentro de 10 años, 20, 50, recordemos como el momento en que decidimos ponernos de acuerdo en un proyecto que nos incluya a todos?. Más de trescientos compañeros reunidos en un gran cí­rculo en La Toma acordaban con Ví­ctor, con ellos mismos, con nosotros mismos. “Es hora de que ganemos una y debe ser ahora….porque ahora es cuando”.

{{Imágenes}}

{{Secretarí­a de Comunicación ATE Rosario}}

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