Los Revolucionarios de Trelew

Por Leónidas Noni Cerutti

A fines de la década del 60 y comienzos de los setenta, a nivel internacional el “mayo francés” habí­a sacudido el orden establecido, los estudiantes mexicanos y japoneses luchaban por sus reivindicaciones, los obreros italianos protagonizaban el “otoño caliente del 69” cuestionando el orden al interior de las fábricas Pirelli y Fí­at, crecí­a el movimiento por los derechos civiles y contra la guerra intervencionista de EEUU en Vietnam. Las elecciones programadas para marzo de 1973, se dieron en un clima de efervescencia polí­tica por la retirada de los militares, y el desarrollo del último tramo de la campaña se hizo en medio de importantes movilizaciones. Finalmente, llegaron los esperados comicios, con el triunfo de la formula del FREJULI, Campora-Solano Lima. El pueblo habí­a derrotado a la dictadura. Pero en los últimos dí­as de gobierno los militares, decretaron que para “los actos de terrorismo” se aplicarí­a la pena de muerte.

DE LOS AZOS DEL 69 AL GRAN ACUERDO NACIONAL

En el paí­s, la dictadura estaba herida de muerte desde los AZOS del 69, Rosariazo, Cordobazo, Rosariazo, que terminaron con los sueños imperiales de Ongania, y su proyecto de perpetuarse en el poder por varios años. Le sucedió Levington, quien fue reemplazado al poco tiempo por el golpe dentro del golpe dado por el General Lanusse,
Las luchas de la clase obrera y del pueblo fueron aumentando, hicieron que desde los sectores del gobierno nacional y las clases dominantes comenzaron a temer por el ¡Argentinazo¡.

Se consolidaron en esos años, los gremios combativos y clasistas en Córdoba, la zona norte del Gran Rosario, Villa Constitución y algunas expresiones en la zona norte del Gran Buenos Aires. Lo hicieron con planteos antiburacraticos, antipatronales y anticapitalistas, se privilegiaba la acción directa, con tomas de fabricas, algunas con control obrero de la producción, paros activos, democracia directa, asambleas masivas, manifestaciones, combatividad, con dirigentes honestos. Además, el movimiento estudiantil y los partidos y grupos revolucionarios fueron creciendo. La lucha de clases se habí­a extendido por todo el paí­s.

Ante este panorama, Lanusse, lanzo su ensayo el Gran Acuerdo Nacional, el GAN. El 1 de abril de 1971, el Ministro del Interior Arturo Mor Roig, anunció que se levantaba la prohibición de actuar a los partidos polí­ticos y se creaba una comisión para estudiar el plan polí­tico. Ese mes, La Hora del Pueblo-integrada por justicialistas, demócratas progresistas, conservadores populares, socialistas- comenzó a reclamar medidas concretas para implementar el proceso electoral. En septiembre, Lanusse anunció comicios para marzo de 1973, con la entrega del poder el 25 de Mayo de ese año.

El GAN significaba una propuesta polí­tica por cierto bastante más compleja que la simple salida electoral con banderas de juego limpio -que era sólo su apariencia- sino que iba a tener entre sus ingredientes fundamentales:

a) La propuesta de salida electoral.

b) La bandera de los presuntos atributos no proscriptivos de la misma.

c) Un acuerdo, pero no en general, sino muy concreto entre la mayor parte de las cúspides militares y las cúspides de las fracciones polí­ticas.

d) CONDICIONAMIENTO REAL de esa SALIDA ELECTORAL.

{{La lucha antidictatorial siguió }}

La apertura polí­tica, y la actividad de los partidos polí­ticos se intensifico. Por esos motivos, el primero de mayo de 1972, estuvo imbuido por el clima polí­tico que se viví­a en el paí­s. Por una parte, un vasto operativo de seguridad impidió la marcha del hambre en Buenos Aires, y Córdoba. Mientras eso sucedí­a, en Rosario, el Ejército, Gendarmerí­a, y policí­a desplegaron un amplio operativo de rastrillaje en San Lorenzo y Puerto San Martí­n, “por la presencia de extremistas”.

La lucha del pueblo aumento, la represión creció y lleno de militantes gremiales, estudiantiles y polí­ticos las cárceles del paí­s
La cárcel de Rawson, cárcel de condenados, a 1400 km de la Capital Federal, una de las más seguras, comenzó a relacionarse con la represión polí­tica poco después del Viborazo, cuando el gobierno militar trasladó a ese penal a los detenidos durante la rebelión popular cordobesa. En abril de 1972, alrededor de 200 prisioneros polí­ticos compartí­an seis pabellones colmando prácticamente la capacidad del penal.

En las inmediaciones, una base aeronaval con 600 soldados, dos aviones de reconocimiento, una compañí­a de Gendarmerí­a con refuerzo de Ejército estacionada a cinco cuadras de la prisión, 500 efectivos de la policí­a provincial y una delegación de la Policí­a Federal, además de los 60 hombres del Distrito Militar de Trelew y la Base Naval de Puerto Madryn, con helicópteros a 60 kilómetros de Rawson, y la octava brigada del V Cuerpo de Ejército en Comodoro Rivadavia.

La dictadura, pensó que al estar alejados de sus familiares, abogados, y aislados en el sur, se quebrarí­a la moral de los detenidos, pero sucedió todo lo contrario.

{{La preparación y la fuga de Rawson}}

Los relatos de los detenidos es que la idea de la fuga estuvo siempre presente en las celdas de Rawson. Fueron muchas las opiniones de como realizarla, una de las opciones descartartadas fue “que un avión contratado fuera obligado a aterrizar en las adyacencias de la cárcel, como les sugerí­an algunos compañeros desde el exterior, los integrantes del comité encargado de la planificación y ejecución de la huida, se inclinaron por un diseño que parecí­a más sencillo: tras el copamiento de la cárcel, en camiones y camionetas, 110 guerrilleros se trasladarí­an hasta el aeropuerto. Allí­ abordarí­an aviones de lí­nea para cruzar la cordillera. Si lo conseguí­an, podrí­an afirmar que habí­an protagonizado la fuga más grande de la historia argentina. Contaban con que el gobierno del socialista chileno Salvador Allende, por principios o por condicionamientos, no podrí­a devolverlos a la dictadura”.
Otro de los relatos dice que “Fueron meses de trabajo intenso, sigiloso. Fabricaron uniformes, gorras, bordaron las insignias del servicio penitenciario, levantaron planos, acumularon información minuciosa de la rutina de los guardias, estudiaron horarios de aviones, frecuencias de vuelos. Habí­an logrado ingresar unas pocas armas cortas que servirí­an para reducir a los primeros efectivos; el resto del armamento lo proveerí­an los propios carceleros”. En otra entrevista, uno de los detenidos perteneciente uno de los grupos armados nos comento que “Los militares iban a sospechar siempre que las pistolas habí­an sido introducidas en el penal durante las visitas por el abogado radical Mario Abel Amaya. Se tomaron un tiempo, pero no lo olvidaron: Amaya fue detenido y asesinado a golpes en la cárcel cuatro años después, en octubre de 1976″.

Susana Viau, en un minucioso relato nos da cuenta de la fuga “A las 18.30 del 15 de agosto de 1972, con unos minutos de retraso, Santucho se quitó el sweater que llevaba puesto y lo agitó. Era la señal de comienzo de la operación gestada por el acuerdo del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Montoneros, desde el exterior, se habí­a negado a avalar la acción, al menos como organización. Consideraba que no servirí­a sino para poner piedras en el camino de las elecciones generales que se avecinaban. Sin embargo, sus militantes detenidos en Rawson no quisieron quedar al margen del intento. Su representante en el Comité de Fuga era Fernando Vaca Narvaja e integraba el contingente destinado a salir en el primero de los vehí­culos junto a Santucho, Gorriarán, Domingo Mena (todos dirigentes del PRT), Marcos Osatinsky y Roberto Quieto (jefes de las FAR). Tiempo después, “el gringo” Mena le contarí­a a su compañero del Buró Polí­tico Luí­s Mattini que él llevaba también un uniforme “pero yo parecí­a un comisario de pueblo. Vaca Narvaja lo llevaba como un oficial”. Vaca Narvaja tení­a, sin duda, el “physique du rí´le” y su prestancia ayudó a disuadir al guardia que, extrañado, dudó al verlos llegar. Un rato después, cuando con Santucho corrieron por la pista del aeropuerto para detener el avión que carreteaba, fue la naturalidad con que llevaba el uniforme de mayor del ejército la que terminó de convencer a los pilotos de que debí­an detener la máquina. El uso del uniforme constituí­a una afrenta adicional para el honor militar. Al punto de que al arribar a Chile, se le solicitó al jefe montonero que, para desembarcar, se desvistiera”.
“Durante la fuga, los guerrilleros abrieron fuego una sola vez. Marcos Osatinsky disparó contra el guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela, el único que atinó a resistirse. Según estaba estipulado, una vez tomados los pasillos, los pabellones, la dirección y los puestos de guardia, buscaron los camiones. Pero los transportes no estaban allí­. Sólo se habí­a hecho presente un coche en el que estaba como chofer el militante de las FAR Carlos Goldemberg. A él ascendieron los seis máximos dirigentes. Convencidos de que la fuga masiva habí­a fracasado, los restantes detenidos llamaron taxis y remises. Así­, otros 19 prisioneros alcanzaron el aeropuerto. Era demasiado tarde. El BAC 111 de Austral ya habí­a levantado vuelo. Entre el pasaje estaban Ví­ctor “el gallego” Fernández Palmeiro y Alejandro Ferreyra, ambos del PRT, y Ana Wiesen, de las FAR, quienes tení­an como misión ingresar en la cabina y controlar a los pilotos”.

Antes de irse Bonet volvió a la caseta de entrada al penal para informar que no habí­a camiones y recordó la forma en que se habí­a previsto la entrega del penal.

Los detenidos que llegaron a ultimo momento al Aeropuerto de Trelew, y que no pudieron completar el plan de fuga, antes de deponer las armas, brindaron una conferencia de prensa, encabezados por Mariano Pujadas, Rubén Pedro Bonet y Maria Antonia Berger, con la presencia del juez Alejandro Godoy, y el abogado Mario Abel Amaya. Exigieron que un médico constatara su estado fí­sico, ser devueltos a Rawson y no a dependencias militares. El capitán de corbeta Luí­s Emilio Sosa les dio su palabra de que así­ se harí­a. Sin embargo, el ómnibus que los trasladaba tuvo una larga parada a mitad de camino y al reanudar la marcha el destino habí­a cambiado: se dirigí­an a la base naval Almirante Zar.

{{La masacre de Trelew}}

El 21 de agosto en la casa de gobierno se reunió la Junta de Comandantes: Lanusse, el brigadier Carlos Alberto Rey y el almirante Guido Natal Coda, a los que se sumaron el secretario de la junta, brigadier Ezequiel Martí­nez, el secretario de la presidencia Rafael Panullo y el ministro del Interior, Arturo Mor Roig. Fueron muchas horas de discusiones, debates de que hacer. Se cuenta que un corresponsal de la prensa inglesa comentó a sus colegas “Esta noche los matan a todos. Era una corazonada. Ciertos datos se habí­an filtrado”.
A las 3.30 del 22, el capitán Sosa, seguido por el capitán Herrera y los tenientes Roberto Bravo y Del Real, sacó a los rehenes de sus celdas y comenzó a disparar. Murieron Mario Delfino, Rubén Bonet, Ana Marí­a Villarreal de Santucho, Eduardo Capello, Carlos Alberto del Rey, Clarisa Lea Place, José Ricardo Mena, Miguel Angel Polti, Humberto Suárez, Humberto Toschi y José Alejandro Ulla, todos del PRT; Carlos Astudillo, Alfredo Kohon, Marí­a Angélica Sabelli, de las FAR y Mariano Pujadas y Adriana Lesgart de Yofre de Montoneros. Sobrevivieron, malamente heridos, Marí­a Antonia Berger y Ricardo René Haidar, de Montoneros, y Alberto Miguel Camps, de las FAR.

Solo pudieron llegar a Chile, en el avión secuestrado a esos fines, Roberto Santucho, Marcos Osatinsky, Enrique Gorriaran Merlo, Roberto Quieto, Domingo Menna, Fernando Vaca Narvaja.

Los reclamos del gobierno argentino fueron rechazados en Chile, donde se dieron distintas muestras de solidaridad por parte del MIR, PS, PC y la izquierda de la DC.

Las repercusiones nacionales fueron inmediatas, y se produjeron en todo el paí­s manifestaciones, declaraciones y paros. En Rosario, fueron sepultados, Alberto Carlos del Rey y Mario Alberto Delfino, “la noche del miércoles llegaron a Rosario los despojos de ambos. Del Rey fue velado y enterrado en el cementerio de Granadero Baigorria, a 15 km de la ciudad. A Delfino lo retiraron sus padres y lo inhumaron en la ciudad. El jefe de policí­a, Agustí­n Feced, resolvió incomodar a quienes conducí­an -a pulso- el féretro de Delfino, “produciéndose dramáticas y tristes corridas. pasados los primeros momentos de confusión, quienes acompañaban el ataúd lograron reagruparse para, a pesar de todo, darle el último adiós al compañero muerto”.

El capitán Sosa fue premiado con un curso en los Estados Unidos y, al igual que el teniente Bravo, con un puestito en la embajada argentina en Washington.

{{La lucha y la represión continuó}}

Las FFAA se “retiraron” a los cuarteles y las elecciones del 11 de marzo no hicieron mas que institucionalizar lo ya realizado por los “cordobazos” en las calles. El gobierno encabezado por Campora, con sus siete millones de votos, recibió el apoyo del proletariado y de amplios sectores del pueblo.

Habí­a llegado la primavera del 73, y se sucedieron los gobiernos de Campora, la tercera presidencia de Juan D. Perón, el fallecimiento del veterano lí­der justicialista, la asunción de Isabelita, el crecimiento del poder de López Rega.

Luego vendrí­a la crisis mundial del 74, la caí­da de Gelbard y el fin del plan distribucionista, el Rodrigazo, el surgimiento de las Coordinadoras de Gremios en lucha.

Por su parte la clase obrera protagonizo gestas heroicas como el Villazo de marzo del 74, la experiencia de la toma de fábrica con gestión obrera en PASA Petroquí­mica por parte de los petroquí­micos del SOEPU, durante un mes.

Aumento la distribución contra la clase obrera, la imposibilidad de mantener la conciliación de clases en el terreno de la producción, se puso al rojo vivo la contradicción entre economí­a y polí­tica, las clases dominantes se debatieron en su impotencia para gobernar, creció la “indisciplina” social y productiva, y según la derecha polí­tica y gremial la anarquí­a social carcomí­an el “cuerpo social”.

El nacimiento de la Triple A y su rosario de asesinatos, fue dejando en claro que la represión comenzó antes del 76. Vendrí­a la brutal represión en Villa Constitución en marzo del 75, y al año llegarí­an las hordas de militares y civiles con el golpe genocida contra la clase obrera, el pueblo y las organizaciones revolucionarias el 24 de marzo de 1976 con sus secuelas de desapariciones, torturas, exilios, desocupación, corrupción, crecimiento de la deuda externa, y cierres de fabricas.

{{Debemos seguir esos ejemplos de militancia}}

Hoy cuando las injusticias se multiplican, la miseria aumenta, la desocupación se florea por los barrios de los trabajadores, las condiciones laborales empeoran, es cuando debemos redoblar esfuerzos en la militancia cotidiana.

La historia de los trabajadores, de los militantes y de los grupos revolucionarios, esta llena de ejemplos de entrega total por la causa de los explotados. Entre ellos ocupan un espacio de privilegio los compañeros asesinados en Trelew.

En sus nombres, su vida, su militancia, debemos buscar la fuerza y el ejemplo necesario para apartar las piedras que van poniendo los “de arriba” en el camino hacia la construcción de una sociedad solidaria sin explotadores ni explotados.

Debemos recordar y difundir lo acontecido aquel 22 de agosto de 1972, los nombres del compañeros/as asesinados, como de quienes los ejecutaron.

Por eso reafirmamos que la memoria es un campo de batalla, que no debemos perder.

{{LEONIDAS F. CERUTI

Historiador}}

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