Rosario, 28 de febrero de 2012. Desde la Asociación Trabajadores del Estado, Seccional Rosario se llama la atención sobre un tema fundamental, ligado nada más ni menos que a la vida y la muerte de los ciudadanos santafesinos en las rutas de muestro territorio. Para avanzar en ese tema, se creó en 2008 la Agencia de Seguridad Vial de la Provincia, que en los hechos se ha transformado un “organismo fachada que desperdicia recursos humanos y materiales del Estado”, tal como lo han denunciado sus propios trabajadores/as.
ENSAYO SOBRE LA RELACIí“N ENTRE EL ESTADO Y EL SENTIDO COMíšN EN FUNCIí“N DE LA SEGURIDAD VIAL
Es bien sabido por todos que los mal llamados “accidentes de tránsito” son la principal causa de muerte en jóvenes menores de 35 años en nuestro país. Decimos mal llamados accidentes de tránsito porque en realidad son producto de incumplimientos a las normas de tránsito, de imprudencias y negligencias de los ciudadanos, y de la inoperancia del poder Ejecutivo que no implementa políticas serias sobre esta problemática.
El Estado tal cual lo conocemos nace gracias a la necesidad colectiva de ceder nuestro poder individual sobre nuestras vidas y decisiones por el bien común, con la premisa de garantizarnos bienestar, justicia y preservar nuestras vidas.
Ahora bien, si los que gestionan el Estado no pueden garantizarnos ni siquiera la preservación nuestras vidas ante las naturalizadas situaciones de transgresión y violencia en la vía pública, es hora de “parar la pelota” y empezar a repensar algunos roles y funciones.
En el 2008 se crea en la Provincia de Santa Fe la Agencia Provincial de Seguridad Vial, un hermoso proyecto que se propone abordar la problemática de la Seguridad Vial como un entramado complejo, entendiendo que las causas de dicha problemática radican en los procesos históricos y sociales de nuestra sociedad que nos conforman culturalmente con esta dinámica de interacción en la vía pública, individualista y transgresora.
Desde el comienzo, el proyecto de este nuevo organismo estuvo dirigido y sustentado por profesionales formados en el tema y con un profundo compromiso de transformación social. Con innumerables dificultades se fue armando la estructura y los programas a seguir para diseñar e implementar políticas claras en relación a esta problemática. En la actualidad tenemos una estructura de sesenta personas trabajando en Santa Fe y siete en Rosario, con tres directores y un subsecretario.
Lamentablemente, en febrero del 2012, lejos de encontrarnos dando cuenta de los procesos realizados y de los resultados de los mismos, como trabajadoras del Estado nos corresponde denunciar el abandono absoluto de la gestión de la Seguridad Vial en el territorio santafesino.
El corolario de innumerables decisiones infelices en relación a los accidentes de tránsito, es el desplazamiento de la recién incorporada policía de seguridad vial en las rutas que atraviesan el territorio provincial, al patrullaje de la Ciudad de Rosario.
Es decir, la policía que recién después de cuatro años iba a estar presente en las acéfalas rutas de Santa Fe es desplazada casi totalmente al patrullaje de la Ciudad de Rosario debido a los ininterrumpidos hechos de inseguridad que se producen en todo el territorio santafesino y puntualmente en la Ciudad de Rosario -particularmente por el caso de un joven de 25 años que fue asesinado a una cuadra la comisaría nº 13 en zona oeste -, cualquiera pensaría que ya en el abandono del sentido común se limitaría a esta aberrante decisión, y que los recorridos de dichos agentes se repartirían en las zonas más peligrosas de la ciudad y con un programa de seguridad claro y serio, pero no… los patrullajes se limitan a las avenidas más importantes de la ciudad.
Entendiendo que estas decisiones se tomaron a pesar de que en las rutas de nuestro territorio no sólo cada uno hace lo que le parece más conveniente en relación a la circulación vehicular, sino que las condiciones infraestructurales de las mismas son lamentables, sin que ni siquiera el Estado controle a los concesionarios que cobran los peajes, etc. Además de la libre circulación de tantos flagelos de nuestra sociedad, tráfico, contrabando, trata de personas. Sin mencionar las muertes y tragedias en accidentes que, sólo como ejemplo, se puede mencionar que en la ruta 34 en el mes de enero murieron 15 personas en accidentes de tránsito.
Esta anécdota cuasi graciosa de nuestra gestión, termina de institucionalizar a la Agencia de Seguridad como un organismo fachada, muy común en esta gestión, un organismo que hace de cuenta que hace. Una estructura que desperdicia recursos del Estado humanos y materiales, en un gran circo completamente parado y sin sentido.
La falta de una política clara en el tema nos impide, hacer campañas, educar, investigar sobre la seguridad vial y controlar en las rutas y caminos. Asimismo, paradójicamente las multas que se realizan en los controles y pagan los ciudadanos son recursos que ingresan al Estado y muy valiosos para poder invertir en revertir esta dramática situación social, el tema es que esos recursos no se resuelve cómo administrarlo.
El trágico panorama de los incidentes viales convoca a la mayor cantidad de ONG’s en la provincia, moviliza a la sociedad civil a intervenir en el tema, genera compromisos y debates, porque en definitiva lo que está es juego en nuestra supervivencia y la de nuestros seres queridos, y la respuesta del Gobierno frente a este problema, que con organización y criterio podría superarse ampliamente, son mentiras, farsas y sistemáticas faltas de respeto.
Las trabajadoras de la Agencia de Rosario queremos denunciar este atentado social, porque estamos comprometidas con nuestro trabajo y queremos ser parte del diseño e implementación de las políticas del Gobierno y de la utilización de recursos en esta problemática.
Pensamos que es necesario que sea de conocimiento público lo que sucede en este organismo como en tantos otros del gobierno, para poder empoderarnos nuevamente como ciudadanos y no hacer oídos sordos a las negligencias e inoperancias que predominan en la gestión y atentan contra nuestra sociedad, nuestro bien común y nuestra integridad.
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